Paco Jiménez: Saber ser ‘el hermano de’

Paco Jiménez: Saber ser ‘el hermano de’
Con el Lliria (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Paco Jiménez cuenta que un amigo suyo que era entrenador en el Sant Josep de Badalona, Ferrán Riera, le enseñó algo fundamental en la vida: “me dijo que lo que tenía que intentar era dar mi tope, el máximo posible. Y cuando lo aprendí, todo fue ya mucho mejor para mí”. La historia viene a cuento de que Paco es hermano de uno de los jugadores más decisivos en la era moderna del basket nacional: Andrés Jiménez.

¿Qué hace uno cuando tiene un hermano tan bueno que se dedica a lo mismo que él, con la odiosa comparación de fondo? “Cuando era más joven lo llevaba regular. Estaba un poco cansado de todo eso con 15 o 16 años. Pero luego, cuando tuve aquella charla con Ferrán, lo vi todo más claro”, afirma el pequeño de los Jiménez, del que no puede decirse que haya tenido una carrera mala tampoco.

Jugó seis temporadas en ACB con cuatro equipos distintos (Joventut, Girona, Manresa y Lliria). Y sus virtudes, más modestas evidentemente que las de Andrés, que es 5 o 6 centímetros más alto, eran también bastante apreciadas. Dentro del tablero baloncestístico siempre se han necesitado piezas diferentes entre sí.

El primer recuerdo que me viene de él es siendo junior en el Joventut portando unas aparatosas gafas (de ver, no protectoras), algo que era entonces bastante habitual, pero que le daban un toque algo estrafalario. “Es que con mi astigmatismo no había otro remedio. Luego ya salieron las lentillas blandas y pude dejar las gafas. Pero aquel entonces no había solución”, explica.

Lo hace desde Lliria, el que sin duda es su ‘lugar en el mundo’. Nacido en Carmona (Sevilla) y crecido en Cataluña después de la temprana muerte del padre de familia, afirma que siempre “tuvo claro” que acabaría viviendo en otro sitio diferente. La baloncestística ciudad cercana a Valencia fue la que le acogió en tres etapas distintas en su carrera, en Primera, ACB y EBA, y es allí donde habita desde hace 20 años, tras su retirada y con su mujer, que es edetana. Se formó en Fotografía y en principio abrió un estudio en el que hacía un poco de todo –incluyendo la famosa ‘BBC’, bodas, bautizos y comuniones—; después, hasta la actualidad, ha coordinado las escuelas deportivas municipales, sin perder de vista lo que pasaba en el baloncesto.

Paco Jiménez era sobre todo un tirador, además de un luchador en defensa. No le importaba hacer el trabajo sucio. Contabiliza 141 partidos en la máxima categoría, promediando 7 puntos y 2 rebotes en 21 minutos en pista. No es Andrés, no. Pero no se ganó mal la vida. Cogió bien el mensaje de su amigo Riera.

Una última que habla sobre su calidad humana: adoptó a dos niños etíopes, de los que dice que son lo mejor que le ha pasado. Además, destacan en los deportes. El chico, Musa, mide 1,73 a los doce años y ya ha llamado la atención de la Federación Española de Baloncesto. Y la niña, Bethlehem, ha sido subcampeona de España de gimnasia rítmica prebenjamín.