Tom Garrick: Ojos verdes en Sevilla

Tom Garrick: Ojos verdes en Sevilla
Cromo (con errata incluida).

Javier Ortiz Pérez

Tuvo algo de insatisfactoria la experiencia de Tom Garrick en el Caja San Fernando, la única en España de este base de 1,88 distinguido por su capacidad anotadora. Sus números no fueron en absoluto malos (12,9 puntos y 43% en tiros de tres), pero la temporada 96-97 no puede ser recordada con entusiasmo en Sevilla al menos a nivel liguero. El CSF había sido subcampeón la campaña anterior, pero en la siguiente no llegó a alcanzar los ‘playoffs’.

Garrick había sido un cañonero en la universidad de Rhode Island, con los que una vez anotó 50 puntos, y desde la segunda ronda del ‘draft’ se coló en la NBA en 1988. Tres temporadas en Los Angeles Clippers de más a menos y una cuarta repartida entre Wolves, Mavericks y Spurs le permitieron totalizar 251 partidos y 5,4 puntos en 18,8 minutos. Insuficiente para permanecer en América.

Su salto a Europa en 1993 resultó en principio bastante exitoso. Fue importante en el entonces dominador del baloncesto teutón, el Bayer Leverkusen (dos ligas y una copa), y con esa aureola llegó tres años después al Caja San Fernando de Aza Petrovic.

En principio puede chocar la idea de fichar a un base americano cuando ya se tenía otro de máximo nivel en la competición, Mike Anderson. Pero la explicación es que Garrick era el descartado entre los tres extracomunitarios para disputar la Euroliga. Petrovic quería que ese papel de tercer extranjero no se convirtiera en fundamental y se echase de menos en los partidos continentales.

En ACB, nuestro protagonista compartió muchos minutos en pista con Anderson. Pero la sensación global no fue positiva por cómo acabó la campaña. No volvería a jugar en España, ni tampoco mucho más a nivel profesional (solamente un año en Turquía). Sus miras estaban más en la carrera de entrenador universitario. Regresó a Rhode Island para ser asistente del equipo masculino (1998-2001) y después tuvo la máxima responsabilidad en el femenino (2004-2009). Ahora es ayudante en el equipo de chicas de Vanderbilt.

“Mis recuerdos de España se centran sobre todo en lo bonito que era el país y lo fuerte que resultaba la competición. Los jugadores nacionales eran buenos compañeros y el entrenador era estupendo. Ahora estoy disfrutando enseñando baloncesto”, cuenta.

Por último, un apunte jocoso de ‘crónica en rosa’: según cuenta Javier Gancedo, las chicas de Sevilla estaban como locas por él. “Es que no es habitual un jugador de raza negra y ojos verdes”, afirma el periodista andaluz de la Euroliga.