Oscar Revuelto: De alero a bombero

Oscar Revuelto: De alero a bombero
En un entrenamiento en Huesca (Foto: Ser Huesca).

Javier Ortiz Pérez

Oscar Revuelto fue un producto de la prolífica cantera maña de los años 80 y 90. No tuvo suerte en la actualmente denominada Liga Endesa, pero al menos pudo debutar con el equipo de su ciudad en la última temporada de existencia en la élite del CB Zaragoza, la 95-96, y en la siguiente gozó de una oportunidad lejos, en Ourense, aunque no tuvo minutos.

Revuelto era un alero alto (2,02), muy potente físicamente, pero nunca acabó de dar todo el potencial que se le suponía una época. También pasó por Portugal y la vecina Huesca, ya en la parte final de su trayectoria profesional. Fue en la ciudad oscense donde protagonizó su mejor campaña en la 2000-01, en Liga EBA, promediando 12,6 puntos y 7,6 rebotes.

“Solo tengo buenos recuerdos”, empieza diciendo con enorme humildad cuando se le pregunta por su carrera. Incluso sostiene algo no muy habitual entre los jugadores y que orienta sobre su predisposición al esfuerzo: “Me encantaban las pretemporadas. Llegabas con toda la ilusión del mundo, con unas ganas terribles de trabajar”.

En su memoria quedan los minutos disputados con el CB Zaragoza incluso en la fase final de la Copa del Rey en Murcia-95 y también en la Copa Korac. También en la campaña siguiente vivió fuertes emociones en el ‘playoff’ de permanencia Ourense-Murcia. “Ganamos, aunque no jugué nada”, asume. Sin embargo, considera “el día a día” como “fabuloso”. “Viajar por toda España y coincidir con tan buenos jugadores… Si además hubiese triunfado, ni me imagino lo que hubiese sido”.

No, no es triunfar jugar 54 minutos en 24 partidos totales en ACB, anotando 14 puntos (0,6 de promedio). Pero se le ve un carácter muy positivo.

Casado y con dos hijos (una niña de 8 años y un niño de 3), actualmente desempeña una de las profesiones más hermosas del mundo (y que requiere una gran exigencia física): la de bombero. “Es lo que siempre quise ser y es algo que me apasiona”, destaca. Además, lo hace en su Zaragoza natal. El baloncesto lo tiene algo abandonado (“hace tiempo que no juego”), aunque sí que se mantiene “muy en forma”. “Entreno casi todos los días, corriendo, en bici, nadando y en el gimnasio. De vez en cuando echo de menos jugar al basket. Por eso pusimos una canasta en el parque de bomberos y nos jugamos algún cafetillo que otro. Llevo casi un año sin pagar ninguno, así es que para algo me sirvió todo aquello”, apostilla.