Miguel Ángel Navarro: Otro en el sueño edetano

Miguel Ángel Navarro: Otro en el sueño edetano
En acción con el Ferrys Lliria (91-92).

Javier Ortiz Pérez

“Fue una experiencia muy chula, la verdad. Pero queda mucho en el pasado”. Es lo que dice con un halo de timidez Miguel Ángel Navarro cuando se le pregunta por sus años en el Lliria, primero siendo partícipe del ascenso del equipo de la pequeña localidad valenciana a la máxima categoría y después jugando, aunque no mucho, en ella durante las dos temporadas en las que duró esa aventura.

La historia recuerda un poco a la que repasábamos hace unas semanas con Joan Morales y Carlos García: jugadores de la zona que se identificaron al máximo con un proyecto, al que llevaron a cotas claramente inesperadas. Morales y García eran aleros y dispusieron de más minutos, mientras que Navarro, también algo más joven que ambos, se vio postergado en la rotación al jugar por dentro y ocuparse dos de las plazas de extracomunitarios con pívots como Wayne Sappleton, Ronnie Grandison o Lorenzo Charles. Hasta Dan Bingenheimer jugó más bien de ‘4’ y era competencia.

“Nací en Valencia y empecé a jugar en el Colegio La Salle Paterna, pero como jugador realmente me hice en Lliria”, relata nuestro protagonista, transmitiendo una extraña mezcla de frialdad y nostalgia. Se ve que disfrutó más en Primera que en ACB, donde únicamente promedió 10 minutos (3,2 puntos y 1,9 rebotes) en los 49 partidos en los que pisó la cancha. “No jugué mucho”, asume.

Navarro, de 2,03, era un interior, por mucho que en algunas ocasiones aparezca, como en la ficha oficial, como alero. “Intentaba ser un poco las dos cosas, pero era más un pívot, está claro. En ACB tuve problemas porque tenía que enfrentarme a jugadores más fuertes, aunque trataba sacar partido de mi velocidad”, apunta. Otra de sus virtudes, según su visión, es que tenía “buena mano”. En lo que hay coincidencia general es en una característica suya: renunciaba al lucimiento personal en favor del equipo: no era alguien que absorbiese mucho juego.

Tras el descenso del Lliria en 1993, se marchó a Primera con el Gandía, pero luego regresó al club edetano en un intento de ‘revival’, en EBA, que no dio para mucho. Mallorca y Calpe, en esa misma categoría, fueron sus dos últimas aventuras hasta su retirada, algo precipitada, en 1998, con 30 años. “Pensé que era el momento. Había ido estudiando Magisterio y me puse a trabajar en la empresa familiar”, apunta. El negocio está radicado en Mallorca y está encuadrado en el ramo de la electricidad. En la isla es donde reside ahora Navarro, que no ha perdido de vista la práctica del baloncesto. “Juego con los veteranos en una liga de empresas”, apunta.