Curro Segura: 30 segundos ocultos

Curro Segura: 30 segundos ocultos
Imagen reciente en los banquillos.

Javier Ortiz Pérez

Confieso que no tenía ni idea de que Curro Segura hubiese debutado en la actualmente denominada Liga Endesa. Para demostrarlo, aquí está su ficha como jugador, bastante más parca en detalles que la de entrenador. Aparece un tal ‘F. Segura’, un base de 1,88 que me costó conectar con Curro, el entrenador de cuatro equipos en la máxima categoría: Menorca, CAI Zaragoza, Obradoiro y Granada, además de otros las LEBs.

Pero sí que ocurrió. 30 segundos sepultados en el tiempo y la memoria, aunque, lógicamente, no para él, que habla de ello con ilusión, aunque sin dejar de considerarlo una anécdota. Fue el 29 de diciembre de 1990 en su Granada natal con el entonces Puleva, que perdió con claridad ante el Huesca. Antonio Gómez Carra le dio cancha como premio cuando ya estaba todo decidido.

“No lo sabe mucha gente, la verdad. Era un partido que íbamos a perder. Yo era el típico junior que entrenaba habitualmente con el primer equipo. Creo que después de aquello echaron a Gómez Carra. A lo mejor fue su última decisión en el equipo”, apunta. No volvería a disponer de una oportunidad en lo que quedaba de campaña, aunque sí en amistosos, como el que sirvió para inaugurar el Palacio de los Deportes de Granada unos meses después.

Como jugador, reconociendo que, desde luego, no era una estrella, se define como “todo corazón, un defensor implacable. De los jugadores que gusta tener a un entrenador. No hablaba mal de nadie aunque no jugase”.

No hay muchos más casos recientes como el de Segura. Exjugadores de mucho prestigio como Velimir Perasovic y Pablo Laso sí han estado en los dos lados en la ACB. Muy pocos más.

¿En aquel base ya había un entrenador? “Yo creo que sí. Varios de mis entrenadores, como Sergio Ibáñez y Quique Gutiérrez, quisieron ficharme como ayudante cuando yo todavía quería seguir jugando. Algo verían cuando contaban conmigo más en el banquillo que jugando”.

De forma posterior, Segura fue efectivamente un entrenador de carácter. Su debut en categorías nacionales se produjo apenas cinco años después del episodio del Puleva-Huesca, en EBA. Luego fue ascendiendo peldaños sin que, desde luego, su carrera como jugador supusiese un plus. Su mayor hito fue ascender casi consecutivamente a Menorca y CAI. Sin embargo, sus últimas experiencias han tenido cierto sabor amargo: el descenso con un Granada que se desangraba internamente y ser asistente la pasada campaña de Jasmin Repesa en un Unicaja que no terminó de funcionar y se quedó fuera de Copa del Rey y ‘playoffs’.

Ahora mismo está en el mercado. Ya se sabe lo que es su profesión: entrar y salir de la ‘rueda’. “Estoy abierto a cualquier posibilidad. Seguramente sea más fuera de España que aquí, pero estoy esperando”, afirma.