Julius Nwosu: Huracán nigeriano

Julius Nwosu: Huracán nigeriano
En Cáceres.

Javier Ortiz Pérez

Julius Nwosu inauguró su larga y variada carrera profesional en España. Fue en Cáceres, en la 93-94, donde dejó claro que era una fuerza de la naturaleza todavía por explotar. Promedió 8,7 puntos y 8,1 rebotes en 25 minutos, con el mate como único recurso ofensivo. Pero era el amanecer de algo que se extendió hasta el 2010 casi en los cinco continentes.

Nacido en Nigeria, empezó a jugar muy tarde al baloncesto. Tras cuatro años en la universidad de Liberty, desembarcó en Europa sin conocer prácticamente el juego. Pero poco a poco, y sin perder una fuerza bruta descomunal, fue progresando y puede presumir de haber jugado en la NBA (aunque sea fugazmente) al lado de David Robinson, Dennis Rodman y Moses Malone (San Antonio, 94-95) y en ‘grandes’ europeos como el CSKA y el Panathinaikos. También fue un fijo en su selección.

Su año extremeño contiene muchas anécdotas. Todo el mundo empezó a llamarle ‘Julito’ y con eso se quedó. Su carácter algo ingenuo le llevó a protagonizar un momentazo a principios de temporada. Tras un partido en Huesca, el autobús del equipo paró en un local de carretera para tomar algo en medio de la oscura noche aragonesa. No sé sabe cómo, su despiste (y también el de los demás, claro) le llevó a quedarse en tierra, porque el vehículo arrancó sin él dentro. Transcurridos un buen puñado de kilómetros, alguien se dio cuenta. “¿Dónde está ‘Julito’?”. Estaba perdido en la nada y tuvo que viajar en taxi hasta Madrid, donde ya le recogieron.

20 años después de aquello, ha estado muy simpático y espontáneo en los correos que me ha enviado para recordar su experiencia en España, donde no volvería a jugar. “Es una pena, porque creo que es el mejor baloncesto del mundo fuera de la NBA. En Cáceres la gente fue encantadora conmigo. Recuerdo un partido en el que yo estaba enfermo y todo el mundo lo sabía. Pero era muy importante porque era decisivo para clasificarnos para Europa, y durante los días anteriores me estuvieron mandando cartas, flores… Todo lo que fuese necesario para animarme. Fue mágico”, apunta. Con él como ‘5’ haciéndole el trabajo sucio a Raymond Brown, el equipo terminó quinto, la mejor clasificación en sus once años en la máxima categoría.

Tuvo una relación especial con su entrenador, Manolo Flores. “Le apreciaba mucho, pero yo nunca le gusté mientras jugaba para él. Sin embargo, cuando me marché me di cuenta de que era un motivador, alguien exigente que me intentó enseñar que nada sería fácil, que simplemente tienes que ir por ti mismo y cogerlo”, dice. Sobre sus compañeros, los considera “maravillosos” por el hecho de que le “ayudaron a crecer”. También se acuerda de la novia que tuvo en la ciudad: “la quise mucho a ella y a su familia”.

Tras su retirada hace apenas tres años, trabaja en Houston como asesor de salud y seguridad en Precision Drilling, una de las mayores empresas de extractoras de petróleo en el mundo. “Intento que ayudar a que mi hijo sea un buen jugador de baloncesto. Yo sigo haciendo deporte, aunque fútbol (soccer). Los fines de semana juego para un equipo de aquí y soy un buen goleador”, apostilla.