Dani Romero: ‘Perro de presa’ en Málaga y Granada

Dani Romero: ‘Perro de presa’ en Málaga y Granada
Unicaja (1991-2000).

Javier Ortiz Pérez

A Dani Romero no le molesta en absoluto que le tipifiquen de ‘perro de presa’. “Es que alguien tiene que hacer ese trabajo. Para mí, que me dijesen algo así era un reconocimiento a mi esfuerzo”, comenta con ese clásico gracejo malagueño. Fue un claro secundario en el primer gran Unicaja, el que rozó el título liguero y la Copa Korac, el que dio el paso de inaugurar el Martín Carpena. Un hombre de la casa con el que siempre se podía contar para amargar al exterior estrella del rival.

Romero siempre se sintió muy identificado con sus equipos. Y de hecho únicamente tuvo dos a lo largo de su larga carrera profesional: el Unicaja, al que llegó procedente de las categorías inferiores del Caja de Ronda tras la fusión con el Mayoral Maristas, y el Granada, con el que también disfrutó siendo uno de los favoritos de la grada.

Ya se sabe que a los ‘stoppers’ los números nunca les hacen justicia. 298 partidos en 10 temporadas ACB son bastantes, sí. Pero 3,1 puntos de promedio en 15 minutos no lucen tanto. Y ese 29% en triples indicaba que no era precisamente una amenaza. “Yo claro que miraba la estadística al final. La mía, la de los exteriores del otro equipo y, lo más importante, el resultado. Si habíamos ganado, estaba todo bien”, cuenta ahora desde Rincón de la Victoria, donde ejerce como entrenador de baloncesto en categorías inferiores y monitor deportivo en el Colegio Novaschool. “Hace unos días organizamos unas charlas de antiguos deportistas de élite y algunos de mis niños no se creían que hubiese estado jugando en la Liga Endesa tanto tiempo. La verdad es que me encanta trabajar con ellos”, cuenta de forma divertida.

Junto a Nacho Rodríguez, Curro Ávalos, Ernesto Serrano y Gaby Ruiz fue uno de aquellos ‘hombres de casa’ en la ‘no liga’ del Unicaja 94-95, la del ‘no triple’ de Mike Ansley en el cuarto partido de la final ante el Barcelona con 2-1 a favor. “Ahora podemos disfrutar mejor lo que conseguimos en aquella época. No se me olvidará llegar a Ciudad Jardín una hora y media antes de un partido y ver ya el pabellón lleno, vibrando. Pero no eras capaz de darte cuenta de todo. Ahora, con más distancia, que te pongan aquellas imágenes es como ver una película en la que has estado metido dentro, prácticamente como en un sueño”, reflexiona.

Una clave con su trayectoria es que siempre estuvo muy implicado con los colores que vistió: primero el verde de su Málaga natal, después el rojo de una Granada que le permitió conocer a alguien muy importante: su esposa. Concluyó en el Clínicas Rincón, vinculado al Unicaja, ya pasados los 30 (también ejerció allí de director deportivo). En La Alhambra consiguió dos ascensos (uno en el 2001 y otro en el 2004) dentro de un periodo de cinco años. “Siempre me he sentido muy cercano a los clubs en los que he estado. Y eso indudablemente es una ventaja. No me ha importado haber sido casi siempre el jugador defensivo. Era una actitud, algo que yo ponía desde muy dentro. La cosa es dar lo mejor que tiene cada uno, dentro y fuera de la pista”, añade.