Leo Rautins: El dinero como enemigo

Leo Rautins: El dinero como enemigo
Lanzando a canasta con el Mayoral (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Leo Rautins no tuvo una experiencia feliz en España en la temporada 91-92, donde no terminó de cuajar ni en el Mayoral Maristas, en el que empezó la campaña, ni en el Ourense. Por cierto que fue uno de los primeros años en los que se permitía jugar en dos equipos distintos.

Rautins es uno de los mejores jugadores de la historia del baloncesto canadiense: elegido en la primera ronda del ‘draft’ de 1983 (nº 17) por los Sixers tras una buena carrera universitaria en Syracuse, apenas dispuso de ocasiones en la NBA, atormentado por las lesiones, y terminó volando a Europa con bastante buenos resultados (Roma, Verona, Pau Orthez…).

Cuando desembarcó en Málaga en 1991 ya era veterano (31 años), y alternó los partidos sublimes con otros flojos. Irregular, pero con un juego sorprendentemente ‘moderno’ de ‘4’ que estaba un poco en todos los sitios: tiraba de fuera, machacaba… Pero, según explica, no estaba cómodo por cuestiones económicas. “Me encantó mi tiempo allí. Es una ciudad preciosa y el clima era increíble. El equipo era joven, pero con talento, y Javier Imbroda era un gran entrenador para nosotros. Me acuerdo con cariño de todas las personas que conocí y con las que jugué. Sin embargo, tanto allí como en Ourense tenían problemas de dinero, y fue una lucha conseguir que me pagasen lo que yo había ganado honradamente. Eso terminó acortando el tiempo y la experiencia con ambos equipos”, afirma.

Sí que parece que hubo algo más que motivaciones deportivas en esa operación que le envió desde Andalucía a Galicia. En el Mayoral estaba promediando 19,4 puntos en 15 partidos. Una vez llegó a los 36 puntos, pero su actuación más recordada fueron los 31 que le anotó al Barcelona, al que el modesto equipo malacitano arrasó (92-70). Bajó a 15 de promedio en Ourense, donde solo jugó cinco choques, sustituyendo a George Ackles y siendo suplido por Roosevelt Bouie, que había estado lesionado. Raro.

“Estuve especialmente triste de tener que salir de Málaga por mi entrenador y mis compañeros de equipo. Consideré a Javier un amigo”, destaca. No fue mucho más allá en el baloncesto profesional (solo cinco partidos más en Lyon la siguiente campaña) y se centró en el mundo de la televisión y los banquillos, donde también logró cotas importantes, como dirigir al equipo nacional de su país desde 2005 al 2011.

A Rautins no le hemos terminado de perder de vista estos últimos años entre unas cosas y otras. En la señal que llegaba de las retransmisiones de los Toronto Raptors, el equipo de su ciudad, aparecía a menudo como analista (conoce muy bien a José Manuel Calderón, huelga decirlo). Y su hijo Andy, un segunda ronda que no llegó a debutar en la NBA, ayudó durante unos partidos por el Lucentum Alicante hace un par de temporadas, sin llegar a cuajar. Es más bajo (1,93 por 2,03 del padre) y su juego se orienta casi exclusivamente al tiro exterior.

Ahora, Leo está preparando una nueva aventura empresarial. “Espero que mis amigos de España la puedan disfrutar”, dice, con cierto misterio. Bueno, y que si hay algún contrato de por medio, que se respete.