Jordi Puig: Solvencia catalana

Jordi Puig: Solvencia catalana
Al timón del Huesca (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Jordi Puig jugó las ocho primeras ediciones bajo el formato ACB (1983-1991), siendo casi siempre un base muy alto (¡1,97!) importante para sus equipos (265 partidos con Granollers, Huesca, Breogán y Canarias). Él mismo ha accedido a contarnos en primera persona sus recuerdos, que se retrotraen a unos años antes. Veamos.

“Un total de más de 25 años de práctica deportiva dan casi para escribir un libro. Muchas alegrías a recordar y otros momentos difíciles que siempre he logrado positivar.

Fui internacional junior en una selección donde quizás sobresalían Fernando Martín y Andrés Jiménez, y con otros muchos jugadores que tuvimos una larga experiencia en la ACB. Sufrimos la decepción de perder el partido por la medalla de bronce ante Bulgaria en el Europeo jugado en Celje.

En 1981 logré el ascenso a Liga Nacional con el equipo del colegio, La Salle Barcelona. Creo que fue y sigue siendo una experiencia única en el mundo del deporte. Con amigos que nos conocíamos desde los 8 años en algún caso, y sin ningún jugador extranjero ni profesional. Luego realizamos una digna campaña en 1ª, pese a las derrotas contundentes contra los dos grandes, Barcelona y Madrid. Con el premio que después de muchos años seguimos en contacto y con algunos de ellos, como Luis Blanco y Joan Rovira (entrenador) mantenemos una gran amistad

Pasé luego tres años en Cacaolat Granollers, ya en un club profesional, con un excelente grupo de personas dirigido por Chus Codina, alcanzando un tercer puesto en la liga y en mi caso personal pasando a ocupar la posición de base al lado de un maestro como Joan Creus.

Otros tres maravillosos años en Huesca, donde disfruté con la pasión de la ciudad por el baloncesto. Conseguimos un crecimiento continuo en los resultados del equipo dirigido por Jaume Ventura, y del que me queda una fortísima amistad con Alberto Alocén y con Ricardo Ramón (médico del equipo).

Después, un año muy difícil en Lugo, otra ciudad muy volcada con el basket. Y otros dos años en el Cajacanarias, con claroscuros a nivel de resultados, pero con una buena relación entre el grupo y con la hinchada Lagunera y del que me ha quedado una estrecha amistad con Germán Gonzalez.

En resumen, muchas alegrías, la suerte de vivir durante diez años jugando a baloncesto y, lo más importante, haciendo unos amigos que se han convertido en "familia".

En los últimos años de jugador, aproveché para tener el título de entrenador superior de baloncesto, aunque no he ejercido esa labor... ¡¡¡todavía!!! Volví a Barcelona con mi mujer, Laura, y mis dos hijas, Berta y Gemma. Y hace 11 años ampliamos la familia con Guillem, que juega a baloncesto, y me ha vuelto a encender la pasión por éste deporte.

He estado 20 años trabajando como manager de equipos comerciales en diferentes sectores como el asegurador, financiero y el inmobiliario. Desde hace unos meses estoy en la misma situación que otras muchas personas, en paro.