Carlos García: El espíritu de Lliria

Carlos García: El espíritu de Lliria
Jugando con los veteranos del Lliria ante el Valencia.

Javier Ortiz Pérez

Carlos García fue uno de los estandartes del Lliria, el sorprendente equipo valenciano que, en 1991, consiguió el ascenso a la máxima categoría, en la que permanecería dos temporadas. García, un exterior de 1,97 a medio camino entre el ‘2’ y el ‘3’, se erigió en héroe de aquel proyecto, con el que mostró una gran fidelidad. No era para menos: él es edetano de nacimiento.

De hecho, cuando el Lliria baja en 1993 y la siguiente campaña no consigue plaza tampoco en Primera B, él prefiere quedarse con el club en Segunda. Y eso siendo un jugador con bastante protagonismo en pista, competitivo al máximo, aunque la lástima es que no acabó de desarrollar un tiro lejano realmente fiable. En la entonces Liga ACB sumó 71 partidos (6,6 puntos en 19 minutos).

“En tantos años jugando siempre tienes alegrías y tristezas. Desde luego, lograr el ascenso fue para mí lo máximo”, destaca. “Siempre puede pasar que tarde o temprano acabes jugando en otro sitio, pero conmigo no sucedió”, agrega. Un tiempo antes, Caja de Ronda se había interesado por él. A veces se comentó que tenía un carácter ‘difícil’.

¿Cómo fue posible que una localidad de 30.000 habitantes llegase a lo más alto? “Éramos un grupo de gente con muchas ganas. Andreu Casadevall nos supo sacar lo mejor de nosotros. La base del equipo era gente de Valencia y también hubo suerte en los fichajes de los de fuera, que se integraron perfectamente”, analiza. Pero esa historia era difícil mantener. “El descenso se veía venir. En realidad, los dos años en ACB estuvieron llenos de problemas. En el primero nos salvamos de milagro, mientras que en el segundo ya no pudimos con el Cáceres en los playoffs”, añade, considerando “muy duro” bajar de un tirón dos categorías.

Cuando mira su carrera, se siente bastante satisfecho. “Tuve que evolucionar rápido, porque cuando era crío jugaba normalmente de pívot. Pero con 1,97 lo lógico es que fuese alero, así es que acabé teniendo más minutos como ‘3’”, explica. Sigue disfrutando del baloncesto, aunque sea con las ‘pachangas’ ocasionales entre los veteranos del ‘eterno rival’, el Valencia Basket, y el propio Lliria.

Tras retirarse, montó un gimnasio, pero no se quedó en eso. “Cuando tenía ese negocio me di cuenta de que hay que tener muchas condiciones legales para prevenir el contagio de enfermedades como la legionella, así es que monté una empresa especializada en eso y ahora es a lo que fundamentalmente me dedico”, señala. Aquí podéis ver la web de Kgest.