Slavko Kotnik: Eslovenia respira baloncesto

Slavko Kotnik: Eslovenia respira baloncesto
Luchando con el TDK Manresa (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Siempre nos ha intrigado cómo es posible que un país tan pequeño como Eslovenia, sede del próximo Eurobasket, produzca tal cantidad de talento baloncestístico. Dos millones de habitantes (lo mismo más o menos que Castilla-La Mancha y el doble de pequeño en extensión) y no dejan de sacar grandes jugadores. Como exponente de ello tuvimos por aquí en los 90 a Slavko Kotnik, un tipo discreto, trabajador, que, ya en la treintena, hizo su trabajo a la perfección en el Estudiantes de la 93-94 y el TDK Manresa de la 94-95. También tuvo su momentito un peldaño más abajo, en el Melilla (96-97).

Kotnik tenía un tren superior muy potente y era difícil de mover en el rebote. Una gloria nacional de Eslovenia, donde ganó ligas y copas hasta los 40 ‘tacos’ para un total de cuatro y cinco, respectivamente. Desde luego, con mejores números que los que tuvo en aquella temporada y pico en la actual Liga Endesa (11,6 puntos y 6,3 rebotes), pero era lo que se le pedía.

Ahora es representante de jugadores (podéis consultar la web de su agencia aquí) y ha accedido a hablar de cómo le fue en España. Veamos.

“Estudiantes se caracterizaba por tener una muy buena organización como club. Llegué desde Venecia mediada la temporada y para mí fue mejorar, porque en Italia no pagaban, teníamos malos resultados y mal ambiente. En Madrid había por el contrario buena gente, dinero a tiempo y una ciudad muy bonita. Además, Cvjeticanin me ayudó como intérprete”.

“El año siguiente en Manresa fue la mejor temporada de mi vida. Un club más pequeño, pero con muy buena atmósfera dentro y fuera. Terminamos cuartos de la liga regular en una competición que era fuerte. Todavía estoy en contacto con Jesús Lázaro, el base, y también con otros jugadores. Nuestras mujeres estaban mucho tiempo juntas. Así es que en un equipo de amigos y con un buen entrenador como Salva Maldonado, los resultados tenían que ser buenos. Eso sí, el dinero tardó un poco en llegar, pero lo hizo”.

“En Melilla simplemente estuvo un mes para sustituir a otro pívot que estaba lesionado. Creo que tras tres partidos, también me rompí el menisco, pero jugué tres más. Y no lo hice mal. El club estuvo muy correcto y me ayudó con el hospital en Málaga”.

De aquellas tres experiencias se llevó además un buen manejo del español: “Casi todos los años volvemos para visitar a los amigos. Hablo mejor que escribo. Nunca he tomado clases”.

Tras retirarse, se metió en el mundo de los agentes y a los tres años se independizó (este verbo lo manejan bien los eslovenos, por cierto: fueron los primeros en separarse de Yugoslavia, en 1991). ¿Qué más quieres añadir, Slavko? “Tengo licencia FIBA, lo que me permite conseguir mucho trabajo. Y también manejo varios idiomas. Vivimos en Ljubiana. Mi hija ha terminado la universidad en Estados Unidos y también juega al baloncesto. La pequeña prefiere el voleibol y también está allí”, cuenta, orgulloso de su país. “Somos un país pequeño, pero vivimos mucho el baloncesto. Esperamos a todo el mundo en el Eurobasket”.