Joan Morales: Nueve triples catalano-valencianos

Joan Morales: Nueve triples catalano-valencianos
Con el Lliria (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Joan Morales es catalán, pero el baloncesto le ‘nacionalizó’ valenciano. Era un escolta especialista en el triple que desarrolló la mayor parte de su carrera entre Valencia y la vecina Lliria. En aquella zona conoció a su mujer y se quedó, seguramente ya para siempre. Actualmente la familia vive en una pequeña localidad de unos 2.500 habitantes llamada Casinos, en el interior de la provincia.

Morales nació y empezó a encestar desde crío en Cornellá, debutando con 20 años en la entonces Liga ACB con la extinta sección baloncsetística del Español. “Fue un partido contra el Barcelona que perdíamos claramente. El entrenador me sacó y Mike Phillips, aquel pívot blanco de bigote, se curró un gran bloqueo que me dejó solo ante la canasta. Anoté y casi lo celebré como si fuese un título”, recuerda. Era la campaña 85-86.

Pero el camino no iba a ser tan directo. Había que seguir fogueándose en Primera B. En la 87-88, jugar un ‘playoff’ de ascenso con el Santa Coloma frente al Pamesa Valencia le cambió la vida: su gran actuación llamó la actuación de su oponente para la siguiente campaña, de nuevo en la máxima categoría. Empezó entonces un ‘ida y vuelta’ curioso: Valencia (88-89, ACB), Lliria (89-90, Primera B), Valencia (90-91, ACB), Lliria (91-92 y 92-93, ACB)…

En Lliria pareció estar algo más a gusto. No vivió la temporada del ascenso a la máxima categoría, al menos en la pista. Sí lo hizo en la grada, celebrándolo como uno más, cuando todavía era jugador del Pamesa. Y disputó las dos campañas que vivió la localidad edetana en la actual Liga Endesa, en la segunda de las cuales, pese al descenso, vivió el momento mágico de su carrera. Fue un partido que acabó con derrota en Manresa (88-84), pero él clavó 33 puntos con 9/11 en triples.

Sin embargo, su carrera no iría mucho más allá de un año en Primera B con Gandía y un efímero regreso a la máxima categoría en Huesca. Se retiró con 28 años y 156 partidos en la élite (6,8 puntos y 18 minutos) más pendiente de su futuro laboral, ya que optaba a un puesto de profesor de Educación Física en un instituto y quería centrarse en ello. “Igual si hubiese aguantado un poco más… Pero disfruté mucho, jugando desde los 6 años. Y ahora lo sigo haciendo. En Casinos fundé un club de baloncesto en el que al principio hubo que mentalizar a los padres, que eran muy ‘futboleros’… Ahora nos va bien y manejamos 60-65 chicos. Mis dos hijas, Eva (15 años) y Laia (10) también juegan. Y no se creen mucho cuando les digo, viendo partidos por la tele, que yo defendí, por ejemplo, a Pablo Laso”, cuenta.

Ya se ve que, pese a su temprano adiós (“solo tenía ofertas de Primera B”), ha seguido muy conectado con el mundillo de la canasta. Hace unos años incluso fue preparador físico del Ros Casares y también ha colaborado con la Federación Valenciana. “Jugar al baloncesto profesionalmente es ser un privilegiado. Hace poco me he emocionado viendo la final de la Liga Endesa y la del Eurobasket femenino”, comenta.