Gaby Ruiz: Muñeca rápida

Gaby Ruiz: Muñeca rápida
Nombrado ‘debutante del año’ por Gigantes del Basket (93-94).

Javier Ortiz Pérez

Alimento una teoría sobre Gaby Ruiz: siendo un determinado tipo de jugador ‘a la antigua’ (mucho talento, físico limitado), le pilló la transformación del juego en algo mucho más atlético al que un alero de su estructura no pudo adaptarse. Pero fue justo en la transición, claro, porque el inicio de su carrera profesional (digamos aún bajo el ‘viejo orden’) resultó brillantísimo.

Nadie podía imaginar que dejaría el basket profesional sin haber cumplido los 30. Lo hizo, eso sí, a lo grande: ascendiendo con el Tarragona –dirigido por Porfirio Fisac—de LEB-2 a LEB. Era el año 2002. Pero eso sonaba poco para un tipo que había sido importante para que el Unicaja le discutiese la liga al Barcelona en 1995 con el siempre recordado ‘no triple’ de Mike Ansley.

Ruiz era un escolta finísimo, un tirador certero, una pesadilla para las defensas rivales si estaba inspirado. Su progresión fue rápida. Maravillosamente rápida. Se hizo un habitual en las selecciones españolas de categorías inferiores, fue nombrado ‘debutante del año’ por Gigantes del Basket en la temporada 93-94 (llegó a su tope de anotación, 8,9) y hasta acudió a la liga de verano de Chicago en el verano de 1995. Además, era un tipo muy querido por la hinchada, que se preparaba para la transición desde Ciudad Jardín al Martín Carpena.

Pero él mismo reconoce que, tras salir de Unicaja en 1999, no eligió bien su segundo destino ACB: Fuenlabrada, donde estuvo demasiado a la sombra de Velimir Perasovic y nunca pareció entrarle mucho por el ojo a Óscar Quintana. No tendría más ocasiones en la élite, totalizando 331 partidos en la actual Liga Endesa con un promedio de 5,4 puntos en 14 minutos. Tiró más veces de tres (696, con un 38% que no está mal) que de dos (613).

“En el Unicaja formamos un grupo muy majo, y tuvo mucho mérito llevar tan arriba al equipo. Luego es cierto que ya no estuve tan bien en los otros sitios y me cansé un poco de baloncesto. Tenía casi 30 años, quería estar cerca de mi hija, que acababa de nacer, y no salió ninguna oferta que me resultase realmente interesante. Me cerré en banda”, relata ahora. Al contrario de lo que pueda pensarse, Ruiz no es malagueño, sino catalán. “Con 16 años me vine por mediación del padre de Jordi Grau y ya me he quedado a vivir aquí”, dice.

Estaba bastante previsto ya, aunque siguió ‘matando el gusanillo’ en el Clínicas Rincón de Axarquía. Abrió una tienda especializada en moda surfera (Cocos Surf), algo que sigue compatibilizando con su trabajo en la escuela de baloncesto de Rincón de la Victoria. También se ha asomado a los banquillos, aunque con poca continuidad, siendo ayudante en el Novaschool de Liga EBA en el 2010. Curiosamente, tanto él como su primero, Patricio Quintana, fueron destituidos por una persona importante en su historia baloncestística: Javier Imbroda, que le dirigió en Málaga.