Doremus Bennerman: El poder de una sueca

Doremus Bennerman: El poder de una sueca
Con su mujer, Veronica. No puede negar que es sueca, ¿no?

Javier Ortiz Pérez

Hay cierto tipo de norteamericano que viene a Europa a jugar y se queda para siempre, seguramente sin sospecharlo la primera vez que aterrizan en un lugar que les es extraño, pero que con el tiempo sienten como propio. El amor, ya se sabe. En el caso de Doremus Bennerman, conocer y enamorarse de Veronica, una mujer sueca, en uno de sus primeros años en el ‘viejo continente’ le cambió la vida, tanto a nivel personal como profesional. Obtener el pasaporte comunitario le permitió asomarse a ligas como la española, lo que sin ese documento hubiese tenido complicado.

El bagaje de Bennerman, un base bajito (estaba en el 1,80) y muy rápido en la actual Liga Endesa se reduce a 16 partidos con el Lucentum Alicante en la temporada 2005-06. Ni su balance victorias-derrotas (4-12) ni sus números particulares (2,1 puntos en 7 minutos) fueron brillantes, por lo que fue cortado antes de concluir la campaña. Unos años antes, en la 98-99, también pasó por Huelva, aunque en la LEB, completando por el contrario un excelente papel: 17,7 puntos y 2,4 asistencias en liga regular y 21,3 y 2,7 en los ‘playoffs’.

Era el jugador perfecto para ligas como la sueca, a la que llegó en 1994. Se ‘hinchó’ a anotar durante cuatro campañas consecutivas en el Jamtland y, tras el paréntesis de Huelva y unos meses en Finlandia, regresaría a Suecia otras tres campañas, al Sundvall. Sus exhibiciones empezaron a llamar la atención de las grandes competiciones y, ya como comunitario, pasó por lugares importantes de Italia (Roma, Teramo, Cantú y Bolonia) y Grecia (Larissa, Iraklio), además de la fallida aventura alicantina ya reseñada.

“En España recuerdo que la liga era muy buena. El estilo de vida también estaba muy bien: se trabajaba duro y se competía duro. Después de un pequeño tiempo de descanso, otra vez se volvía a la carga poco después”, afirma ahora de regreso a Suecia, donde ha montado una tienda de flores en la localidad de Frösön con su esposa. Terminó su carrera europea en el mismo sitio donde la empezó, Jamtland.

“Está claro que ahora mi vida ahora es un poco diferente. El sitio donde vivo está al norte del país e intentamos salir adelante con la tienda. Yo también entreno en la liga local”, añade Bennerman, que dice echar algo de menos su Connecticut natal, pero también que tiene una “vida maravillosa” junto a Veronica. “Viajamos un par de veces al año a Estados Unidos, así que más o menos esto va funcionando”, apunta.