Andrés Jiménez: La revolución hecha alero alto

Andrés Jiménez: La revolución hecha alero alto
Con la selección (186 internacionalidades).

Javier Ortiz Pérez

Sobre Andrés Jiménez hay algo claro: su exitosa conversión de ‘4’ a ‘3 alto’ fue una revolución en el baloncesto español. Su llegada al Barcelona le dio a los azulgranas casi automáticamente la hegemonía que tenía el Real Madrid a mediados de los 80. 473 partidos de la actual Liga Endesa le contemplan, más un buen puñado más en la Liga Nacional, antes de 1983. Además, un tipo jovial y a la vez que reflexivo. Como es un poco ‘compañero’ mío en el Grupo Zeta, le he pedido que escriba un poco sus reflexiones sobre su carrera, un poco al hilo de lo que hace como articulista en El Periódico de Catalunya. Allá va.

“Partiendo de la base de que en Carmona nunca me imaginé que el basket supondría algo más que una manera agradable de compartir el tiempo con mis amigos, ya podéis imaginar lo que representó para mí verme de repente jugando con los mejores jugadores tanto de la Liga de entonces como de la Selección. No puedo tener más que recuerdos muy agradables de toda esa etapa. Creo que además tuve la suerte de vivir y de formar parte de un momento importantísimo en el que el público y los medios comenzaron a considerar al baloncesto en su conjunto como un espectáculo de masas.

Siempre fui un ‘4’ rápido, pero para poder ganar al Madrid o competir en Europa nos iba mejor poder jugar con tres hombres altos, así que me tuve que adaptar lo mejor posible a mi nueva condición de alero. El hecho de que el Madrid tuviera que “gastar” un extranjero para defenderme nos daba una ventaja extra en los enfrenamientos directos. Digamos que si bien perdí “lucimiento” en el terreno individual, fue un factor que ayudó a que el equipo, que es al final lo que cuenta, saliera ganando al conquistar cuatro ligas consecutivas.

A nivel de selección, mis mejores recuerdos son la plata en el Eurobasket de Nantes y sobre todo la de los Juegos de Los Angeles, que fue un símbolo por todo lo que representó en ese momento. Pero también tengo muy buenos recuerdos de todos los equipos en los que he jugado. Con el Cotonificio, un club tremendamente modesto, llegamos a ser campeones de invierno y a partir de ahí se nos apodaba “el matagigantes”. Con la Penya fuimos segundos y a punto estuvimos de cumplir el sueño de ganar una liga con un equipo cuajado de jóvenes promesas. Y qué decir de las siete ligas en doce temporadas en el Barça. Tengo infinidad de recuerdos inolvidables como la famosa “liga de Petrovic” que ganamos o una de las últimas de mi carrera, donde les derrotamos en el último partido en su cancha (1997).

El peor recuerdo que tengo fue mi lesión, la cual no solo me mantuvo apartado 14 meses de las pistas, sino que llegué a barajar muy seriamente la posibilidad de tener que retirarme. Afortunadamente, me recuperé y conseguí jugar casi siete temporadas más, pero, de largo, ese fue el momento más duro que he pasado.

Sobre la Euroliga, si no recuerdo mal creo que en doce temporadas he estado en seis ‘finales a cuatro’ y he sido subcampeón de la misma en cuatro ocasiones. Es más, hay un documento en el Museo del Barça que certifica por parte de la FIBA que merecimos ser los campeones de la edición del 96. Eso sí, soy consciente de que se farda más diciendo que has ganado al menos una Euroliga.

Aparte de jugar, también hice cosas de publicidad y colaboré en varios medios publicando algunas tiras cómicas durante algunos años, pero la verdad es que los viajes y entrenamientos lo hacían cada vez más difícilmente compatible y lo dejé. Luego ha habido momentos en que me ha dado por pillarme una paleta gráfica y comenzar a dibujar chorradas otra vez, pero necesitaría alguna excusa interesante y de momento no ha aparecido

Ahora mi relación con el baloncesto se circunscribe a la columna que escribo El Periódico”.