Pedro Mateu: Escolta con físico de base

Pedro Mateu: Escolta con físico de base
Cantabria, sus mejores años.

Javier Ortiz Pérez

Pedro Mateu siempre me dio la impresión de que era un escolta encerrado en el cuerpo de un base. Medía 1,87, pero parecía obvio que se sentía más cómodo como ‘2’ que como ‘1’, donde por lógica se le debía poner a jugar por una cuestión física. Los motivos están claros: Mateu veía el aro como una piscina olímpica y tenía menos cualidades para dirigir el tráfico.

En esa paradoja se desarrolló su carrera, que no estuvo nada mal globalmente. Empezó en las categorías inferiores del Club Baloncesto Valladolid, aunque él es madrileño. Debutó muy joven en el entonces denominado Forum Filatélico. “Tuve la oportunidad de entrenar con grandes jugadores como Sabonis y formar parte del primer equipo durante dos años con Oscar Schmidt. Aunque no disputaba muchos minutos, fueron años que me curtieron como jugador”, cuenta. Desde luego, eran tiempos lujosos a orillas del Pisuerga.

Después, tuvo bastante estabilidad en los equipos que visitó. Primero, el Plasencia cuando era vinculado del Cáceres (95-96). Después le esperaba lo mejor y lo peor en el Cantabria Lobos, del 1996 al 2002. “Fue allí donde me consolidé como jugador. Fue un gran equipo deportivo y humano entrenado por Quino Salvo. Conseguí ser importante en el equipo y vivimos hechos históricos para el baloncesto cántabro. Ascendimos a la ACB y jugamos en la liga a un buen nivel durante varios años ganando a grandes equipos”, explica. Hasta llegó a ser mejor nacional de la jornada en un par de ocasiones.

Sin embargo, entre medias, sufrió una gravísima lesión de rodilla que le impidió jugar durante año y medio. Consiguió volver a las pistas en LEB Oro en Los Barrios (2002-03), Palencia (2003-04) y el Zarzuela Maristas, el equipo vinculado al CB Valladolid, pero las secuelas le acabaron por retirando. En total fueron 136 partidos ACB con 6,3 puntos en 17 minutos.

Mateu se apunta a la teoría de la contradicción en su posición en la cancha. “Era un escolta que podía jugar de base. Aprovechaba mi rapidez para sorprender al rival con robos y rápidos contraataques. También me gustaba crear ventajas contra la defensa del rival para asistir a mis compañeros. Año a año fui mejorando mi lanzamiento, por lo que me convertí en un tirador efectivo y aprovechaba mis rachas para bombardear al rival. Mientras mi físico aguantó puedo decir, modestia aparte, que era realmente peligroso”, analiza.

Actualmente vive entre Valladolid y Comillas (Cantabria), donde gestiona un hotel familiar durante los meses de primavera-verano. Se llama Marina de Campíos y tiene una pinta estupenda. En otoño e invierno solo abre los fines de semana, por lo que Mateu está un poco a caballo entre las dos ciudades. En Pucela aprovecha para seguir vinculado con el basket y entrena a equipos de base del Blancos de Rueda.