Juanan Morales: Cuerpo grande en equipos grandes

Juanan Morales: Cuerpo grande en equipos grandes
Con el Joventut, defendiendo a Fernando Martín.

Javier Ortiz Pérez

Juan Antonio Morales perteneció a esa nueva hornada de pívots españoles surgida a finales de los 80 para, literalmente, ‘hacer sombra’ a Fernando Romay. Ahora parece más o menos normal, pero por entonces era un auténtico hallazgo tener a un interior que superase los 2,10, como era el caso de Morales, un ‘chicarrón’ bilbaíno captado por las categorías inferiores del Joventut y lanzado muy rápidamente a la fama.

Era la temporada 87-88 y, con Alfred Julbe en el banquillo, rompió a jugar y a hacerlo también que, al final de campaña, un Antonio Díaz-Miguel sediento de centímetros en su equipo nacional lo llamó para el Preolímpico de Rotterdam. Y allí estaba siendo uno de los mejores hasta que sufrió una lesión imborrable para los que la vimos por televisión: el tobillo se le dobló completamente en una caída, destrozándole los ligamentos y dejándole fuera de Seúl-88.

“Aquello me cambió bastante la manera de jugar”, recuerda ahora. “En aquellos entonces era un pívot más técnico, algo que no pude seguir siendo. Pasé a tener más peso, a intentar lucir por otras cualidades”. Quede claro que su carrera no quedó truncada por la lesión: vivió en primera línea, aunque más bien saliendo del banquillo como relevo de Ferrán Martínez, la época dorada del Joventut de las dos ligas consecutivas y la Euroliga del 94 con el triple de Corny Thompson. Y consiguió poco después otro buen contrato con el Real Madrid, con el que se llevaría la Eurocopa (antigua Recopa) del 97. También siguió en el radar de la selección, con la que jugó los Eurobaskets de 1989 y 1993 (57 internacionalidades).

En realidad, esa facilidad para llegar a las finales fue una característica de Juanan, casi siempre en equipos poderosos como luego fueron el Baskonia, el Paok o el Olympiacos. “La verdad es que es para estar satisfecho. Cuando juegas eres un privilegiado, algo de lo que te das más cuenta todavía cuando te retiras y empiezas a hacer una vida normal. Echo de menos la competición, tener más tiempo para ti mismo, jugar los partidos decisivos”, explica.

Sin duda, considera la altura una de las claves de su juego, aunque también más aspectos: “No era tan habitual como ahora que hubiese chicos tan altos. Los de ahora lo son. E incluso técnicamente son superiores a nosotros, pero en cuanto a conocimiento del juego, tendríamos que verlo”.

Su contacto actual con el baloncesto se limita alguna colaboración periodística con Badalona TV y jugar a veces con los veteranos del Joventut. “Sabía que no valía ni para entrenador ni para agente, que eran las dos opciones más claras”. Y es que laboralmente es gerente de una empresa familiar de exportación de productos cosméticos. “También fue un desafío, porque empecé completamente de cero y tuve que aprenderlo todo. No es la adrenalina de la competición, pero también tiene sus recompensas: cerrar algún pedido importante, conseguir dinero para pagar a los empleados… Es otra cosa, está claro. Cuando eres jugador, estás como en una burbuja y no te das cuenta de todo esto”, apostilla.

Como estuvo bastante tiempo entre Grecia e Italia sus números en la actual Liga Endesa no superan los 400 partidos (391). Hay un dato que es orientativo sobre su juego: cogió más rebotes (1.759) que puntos anotó (1.752). Y solamente llegó a lanzar un triple en esas once temporadas, curiosamente en la de su debut.