Miguel Ángel Cabral: Jerezano cumplidor

Miguel Ángel Cabral: Jerezano cumplidor
‘Card’ de la temporada 94-95 con el Breogán.

Javier Ortiz Pérez

Buen jugador, mejor persona. Parece que esto lo escribe Moncho Monsalve, ¿no? En fin, por ahí van los tiros con Miguel Ángel Cabral, uno de esos profesionales obsesivos que siempre hacen lo que se les ordena sin alzar la voz. En casi todos los sitios por donde pasó acabaron contentos con lo que demostró en la pista y con lo que transmitió fuera de ella: compromiso, identificación, adaptación.

Cabral era un ‘3’ con una etiqueta más bien de jugador defensivo. Tenía un físico potente (1,98, pero mucho músculo) y eso en los 90 significaba emparejarte con el alero norteamericano de turno. En ataque no se le pedía mucho. Posteriormente demostró que podía anotar más de lo que lo hizo, pero ya digo que no era de los que reclaman balones para sentirse a gusto.

Es uno de los poquísimos baloncestistas de élite que ha dado una localidad bastante grande como Jerez de la Frontera. “Fue casi de rebote, porque yo jugaba al fútbol y me pasé al baloncesto a raíz de un cambio de colegio”, recuerda. Le incorporó el Mayoral Maristas malagueño, pero tanto prometía que el Real Madrid le fichó para su equipo junior en 1987, lo que le valió para compartir muchos entrenamientos con Drazen Petrovic y Fernando Martín. Con los blancos jugó nueve partidos entre la 88-89 y la 89-90, pero hacerse un hueco ahí era muy complicado. Al menos le queda el orgullo de haber ‘chupado cámara’ vestido de calle en la celebración de la Recopa de 1989 en Atenas, la de los famosos 63 puntos del croata. “Vivir aquello fue tremendo, de verdad. Me sorprende verme en las fotos”.

Tras pasar por el Guadalajara de Vladimir Tachenko, empezó a hacerse jugador con marchamo ACB en Gran Canaria (91-92), pero sus mejores momentos vinieron en los tres años siguientes, en Lugo con el Breogán, al lado de otro balcánico al que le salía el talento por las orejas: Velimir Perasovic. “Digamos que suplía mi posible falta de talento con mucho esfuerzo. No se me ocurre otro motivo para explicar tanto tiempo en la élite”, dice. Luego, una campaña en Cáceres, otras tres en Cantabria (incluyendo un ascenso) y la parte final entre LEB (Inca, Tenerife, Los Barrios) y el EBA de su localidad natal. “En todos los sitios donde estuve asumí el papel que me asignaron, ni más ni menos. Y comportarme con el respeto que me merecía cada club y todas las aficiones”, resume.

Su legado estadístico en la actual Liga Endesa quedó en 218 partidos, con 5,1 puntos en 20 minutos por partido. Se le solía reprochar que su rango de tiro no llegaba al 6,25, pero en sus dos últimas campañas en Cantabria superó el 40% en triples.

“Acabé algo saturado, porque la exigencia es máxima, tienes que estar mucho tiempo fuera de casa y hay muchos momentos buenos, pero también otros malísimos. Sigo jugando de vez en cuando, en plan ‘pachanga’”, asegura a sus 43 años. “Cuando veo a Darryl Middleton hacer las cosas que hace con la edad que tiene, me dan ganas de volver”, bromea. Trabaja como técnico en la delegación de Deportes del Ayuntamiento de Jerez de la Frontera.