Eduardo Clavero: Alero sobrio y entrenador que "vuelve"

Eduardo Clavero: Alero sobrio y entrenador que "vuelve"
La mejor época, en Granada (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Eduardo Clavero perteneció a esa eficiente ‘clase media’ del baloncesto español de mediados de los 80 y principios de los 90: ni fue un ‘primer espada’ ni tampoco necesitó bajar demasiado a Primera B para ganarse la vida. Y es que era un tipo muy útil, que lo mismo adquiría el rol de anotador que de especialista defensivo. Siempre desde un discreto y honesto segundo plano, su 1,94 le daba por entonces para jugar en las dos posiciones de alero.

Sobre todo fue importante en aquel Oximesa de los hermanos Álvarez. A orillas de La Alhambra consiguió el ascenso a la entonces Liga ACB en 1986, un año después de que destacase extraordinariamente en Segunda División con el Juven, el entonces equipo de la ciudad en la que nació, San Sebastián, y le fichasen en Granada. “Me trataron con mucho cariño en todos los sitios, pero es cierto que quizás allí fue el mejor sitio de mi carrera, donde estuve mejor”, afirma ahora.

En Granada estuvo tres años consecutivos (85-88), despuntando tanto que le reclamó un proyecto emergente como el del Pamesa Valencia, donde estuvo otros dos. Después, regreso al Oximesa, ya denominado Puleva, para una temporada, y otras dos en el Juver Murcia. En total, siete campañas, 225 partidos y una media muy interesante de 11,3 puntos en 29 minutos. En la parte final sí tuvo que bajar peldaños en Albacete (Primera y EBA) y Burgos (EBA).

Una pieza muy apreciada que supo evolucionar, reinventarse. “Al principio de mi carrera era muy físico, sacando partido de las penetraciones y anotar en contraataque después de robar el balón en defensa. Después de me di cuenta de que con eso no podía estar solamente y tuve que aprender a tirar a base de entrenar, entrenar y entrenar, así es que acabé haciendo un poco de todo”, analiza.

“La verdad es que estoy muy satisfecho de todo aquel tiempo. Es un privilegio hacer lo que te gusta y además a buen nivel. Volvería a jugar, pero los años pesan”. En agosto cumplirá los 50, de hecho, en un momento de cierta inflexión en su vida. A poco de retirarse, en 1996, sintió la llamada de ser entrenador y empezó una trayectoria en los banquillos que pareció bastante prometedora durante una época. Su primera experiencia fue como ayudante de Moncho Monsalve en el Archena de Liga EBA, lo cual ya es un aval…

Se asomó a las LEBs en San Sebastián, Córdoba, Ourense y Calpe con sus éxitos y fracasos, un poco como todos en esa profesión tan volátil. Pero hace unos años su mujer, a la que había conocido en Murcia, sufrió un grave accidente que le llevó a tener que estar a su lado durante la recuperación, así es que tuvo que dejar aparcados los banquillos profesionales. Sí ha colaborado con el Altea, de la Primera Nacional valenciana, donde ha conseguido algunos éxitos a nivel modesto. Ahora todo vuelve a su cierto cauce y le gustaría volver a lo que se llama ‘la rueda’. “Estoy esperando tener alguna oportunidad”, comenta.