Pedro Rodríguez: El otro villanovense en Vitoria

Pedro Rodríguez: El otro villanovense en Vitoria
En la actualidad, con su hijo Gonzalo.

Javier Ortiz Pérez

Nació en Villanueva de la Serena. Jugaba al baloncesto muy bien desde niño y el Baskonia le vio en un Campeonato de España siendo un cadete cuando jugaba en el Doncel, por lo que decidió ficharlo. No, hoy no toca José Manuel Calderón. Es Pedro Rodríguez, el mejor jugador de la historia de la localidad pacense… hasta que el base NBA le superó con creces, claro.

Se llama Pedro Eusebio Rodríguez Santos y no hay que confundirlo con el Pedro Rodríguez que jugó en Estudiantes y Pamesa Valencia, entre otros. Sobre ese ya escribimos aquí y con él guarda también algunos paralelismos nuestro hombre de hoy: era pívot, rocoso, luchador… ¡y hasta coincidieron unos meses en el Gijón, en LEB!

Sin embargo, el Rodríguez extremeño tuvo mucho menos éxito que su paisano Calderón y que el Rodríguez albaceteño. Su aventura en Vitoria duró desde los 16 a los 23 años, pero nunca consiguió continuidad y auténticos minutos en el primer equipo. A sus 15 partidos ACB divididos en cuatro temporadas (de la 91-92 a la 94-95) hay que unirle los que jugó en la 95-96, únicamente la Copa de Europa (ex Recopa) que se llevó el Taugrés. En su palmarés también aparece una Copa del Rey.

“Fueron los años en los que empecé a crecer como jugador, a vivir muy de cerca finales. Temporadas gloriosas para un club que no dejaba de crecer. Está claro que había mucha exigencia y que me costó encontrar un sitio. Yo quería salir cedido para poder demostrar cosas, porque como realmente aprendes es jugando, pero no fue posible. Y también tuve algunos problemas de lesiones, sobre todo en el tobillo”, rememora ahora.

Salió cansado de basket de Vitoria, a punto de retirarse pese a ser todavía muy joven. Pero se puso a jugar en el Doncel, por entonces en Liga EBA, y relanzó su carrera, quizás no hasta límites estratosféricos, pero sí como para conocer la liga portuguesa con el Illiabum y el Gaia (“hice buenos números”) y moverse en las categorías federativas con el Gijón (“ascendimos a ACB y fue inolvidable”), el Rosalía de Castro y el Bilbao Basket, participando en el ascenso de LEB-2 a LEB. En el ‘Botxo’ se retiró en el 2003, bastante machacado físicamente (“no puedo hacer nada de correr por las rodillas”).

En su periplo en Asturias consiguió algo más que subir de categoría: conoció a su mujer, con la que tiene un niño llamado Gonzalo. También encontró trabajo allí tras su retirada sacándose una plaza de conductor de autobús urbano. Así se gana la vida: llevando de un lado a otro a los gijoneses por esa ciudad que vivió dos etapas en la Liga Endesa y en la que ahora el baloncesto está en un segundo plano.

Por acabar como empezamos… “Claro que conozco personalmente a Jose Calderón. ¿Cómo no? Su padre, que se llama igual, fue mi entrenador en las categorías inferiores del Doncel y se lo traía a los entrenamientos, siendo un niño”, cuenta Rodríguez, que reconoce “nostalgia” de sus años como jugador profesional. “Es que fueron unos años muy bonitos”, concluye.