Jordi Llorens: "Leña" y compañerismo

Jordi Llorens: "Leña" y compañerismo
En el Menorca, defendido por un joven Marc Gasol.

Javier Ortiz Pérez

A Jordi Llorens le hemos tenido por esas pistas de Dios hasta hace bien poco. Se retiró hace justamente un año tras una experiencia algo bizarra como veterano del equipo vinculado al Fiatc Joventut, el Prat, en la Adecco Plata. “Casi ejercía de padre con los chicos, claro. Bueno, fue algo distinto, pero estuvo bastante bien”, indica el ex pívot, que pasó la mayor parte de su carrera en las canchas de la actual Liga Endesa.

418 partidos a lo largo de 14 temporadas con 7 equipos diferentes, no está nada mal. Sus números desde luego no fueron llamativos (4,3 puntos y 2,9 rebotes en 14 minutos), encuadrado en ese papel de pívot complementario que sale del banquillo para aportar defensa e intensidad. Para ello tenía un físico estupendo, sin duda, que le sirvió también para prolongar su estancia en las canchas hasta más allá de lo habitual.

“Nunca he sido una estrella”, dice abiertamente. “La constancia era mi virtud”, añade. Se ríe cuando se le comenta que, sobre todo, era un jugador útil. “¡Eso es como si le dices a una chica que es simpática, eh!”. Parece un tipo muy jovial, de los que hacen vestuario y nunca tiene una mala cara cuando se trata de currar. Eso sí, en la pista no tenía amigos. Más de un interior americano acabó amargado con él: “he dado mucho y he recibido mucho, claro”. Más risas.

Llorens es de la cantera del Joventut, con quien ganó dos ligas en el papel de quinto pívot a principios de los 90. El nivel de exigencia verdinegro le hizo buscar minutos en otros sitios, encontrándolos con mayor continuidad en Valladolid, donde estuvo cinco temporadas consecutivas. “Quizás es ahí donde estuve mejor, sí. Era un equipo que estaba muy unido, que compartía muchas cosas. Nos apoyábamos mucho en los malos momentos que hubo y nos divertíamos”, recuerda. También guarda un recuerdo muy grato del ascenso con el Menorca. “Era increíble el ambiente del pabellón de Mahón, un 10% de la ciudad metido ahí dentro”, agrega.

Girona, Manresa, León y Ourense fueron otras de sus estaciones al más alto nivel. Pero no se le cayeron los anillos cuando bajó dos categorías para ayudar en el Prat, donde casi estuvo hasta los 40 años. Ahora es curioso que vive el papel contrario: cuando entrena y juega con los veteranos del Joventut ha pasado a ser el más joven.

Llorens está en ese periodo de la vida de casi todo ex baloncestista recién retirado en el que se está replanteando muchas cosas. “Tengo algunos proyectos, pero todavía no he elegido nada”, afirma. Sí admite que le gustaría seguir vinculado al baloncesto. Ya se ha sacado el título de entrenador de primer nivel. “Me gustaría aportar la experiencia que he tenido todos estos años, enseñar las cosas que me hubiese gustado saber a mí hace 20 años. Aunque la verdad es que quizás me las dijeron y no las escuché”, explica.

De momento, le ha traspasado el ADN a su hijo Ferrán, de diez años y una de sus grandes ilusiones vitales. “Tiene buenas condiciones, aunque todavía es muy niño”.