David Solé: La seriedad de la "Magia"

David Solé: La seriedad de la "Magia"
Con el Huesca.

Javier Ortiz Pérez

Siempre que se habla del mítico Peñas de Huesca de finales de los 80/principios de los 90 los primeros nombres en surgir son los de Brian Jackson y Granger Hall. Vale que compusieron una de las parejas de americanos más compenetradas de la historia de la liga, pero detrás había un coro de nacionales tan importantes o más para que el equipo funcionase de forma tan redonda. Y dentro de ello, un base sobrio, seguro y cumplidor al máximo: David Solé.

“No era un portento físico, ni de cualidades espectaculares. Era un base distinto a los de ahora, repartidor del juego a la vieja usanza. Lo importante era hacerlo para el equipo”. Este es el ‘scouting’ que se hace de sí mismo Solé después de tantos años. Y no va desencaminado. Hacía siempre lo que tenía que hacer dentro de un ecosistema especial en el que se adaptó perfectamente tras salir de la cantera del Joventut, con el que había debutado en ACB en la campaña 87-88. Él empezó a jugar en el Sant Josep, también en Badalona.

Seis temporadas pasó en el Alto Aragón distribuyendo balones, casi siempre como titular. “Fue muy especial aquello. Durante varios años el equipo se apellidó ‘Magia’, por un eslogan de la Diputación, y eso era lo que teníamos, justamente. Nos juntamos un grupo de nacionales jóvenes con esos dos monstruos como Brian y Granger y todo salió muy bien. El ambiente de los partidos era tremendo”, apunta Solé, que considera “clave” en su desarrollo “la competitividad que había tenido en el Joventut”. No debía ser fácil luchar con los hermanos Jofresa y José Antonio Montero, no.

Luego intentó dar un paso adelante en su carrera y se marchó a Sevilla. En el Caja San Fernando confirmó su condición de jugador fiel: cuatro campañas que incluyeron la del subcampeonato liguero en la 95-96, aunque compartiendo más el protagonismo con gente como Mike Anderson. “Fue una apuesta más seria que también tuvo cosas muy interesante. Para mí, jugar una final fue increíble”, recuerda. Y es que el balance lo ve como muy positivo: “Con la distancia ves las cosas con mejor perspectiva. A mí el baloncesto me dio una serie de valores que me marcaron la vida, no solamente la etapa en la élite, sino en la cantera”.

330 partidos en la actual Liga Endesa, con 6,1 puntos en 21 minutos de promedio. Antes de retirarse, tuvo tiempo para conocer la liga portuguesa (Illiabum) y la LEB (Granada).

Reconoce no estar muy al día del baloncesto. Y en el mundo laboral tampoco le ha gustado cambiar de empresa. Lleva 13 años en la misma, dedicada la exportación, dentro del departamento de logística. “Va bien, afortunadamente”, apostilla, con esa seriedad que le caracterizó en la cancha.