Juanjo Bernabé: El base al que no le importó fregar

Juanjo Bernabé: El base al que no le importó fregar
Defendiendo a Nickerson con el Cáceres.

Javier Ortiz Pérez

Juanjo Bernabé se retiró la pasada temporada dejando la impronta de un gran jugador de LEB, más en la actual Liga Endesa, donde disputó 154 partidos divididos en seis temporadas y 14 minutos de media. Fueron casi 20 años de una profesionalidad exquisita, de enorme compañerismo, de muchas asistencias y robos de balón. Uno los tipos más apreciados en el mundillo de la canasta por su constante sonrisa y entrega por los colores que defendió.

Y, hay que decirlo de paso, defendió muy pocos colores, lo que expresa su fidelidad a los clubs por donde pasó. Alicantino, se marchó con apenas 17 años a jugar a Zamora, en EBA, de la mano de Boban Vukcevic. “Me habían rechazado en pruebas en el Murcia y el Real Madrid y este hombre, que era bosnio, me llevó a Zamora. Era un crío y al principio lo pasé muy mal”, cuenta Bernabé, que recuerda sin que se le caigan los anillos una anécdota significativa: “Para que no me cobrasen una de las dos comidas que hacía en un restaurante cada día, acabé llegando a un acuerdo con el dueño para fregar y barrer el local al final de cada jornada”.

Ese era Bernabé, o al menos aquel Bernabé de 1993: sacrificado, obstinado en su idea de triunfar. “Es que yo físicamente era malo. Y de mano andaba regular. Me dije: ‘o curro o me voy a mi casa’. Mi especialidad era el robo de balón, intentar rascar minutos como fuese”. Lo fue haciendo poco a poco hasta que el siguiente verano le llamó el Cáceres, que le colocó en su equipo vinculado, el Plasencia.

A caballo entre los dos clubs se fue haciendo un sitio “como revulsivo”, como él mismo reconoce, en la máxima categoría. Cuatro temporadas estuvo en la primera plantilla del Cáceres, una época en la que se distinguió por el cariño especial que le tenía la afición en general (y las chicas adolescentes, he de añadir). En 1999 se le dio la baja y conoció a su segundo gran ‘amor’ baloncestístico: Ourense.

Fue entonces cuando dio un paso adelante como jugador, cuando dejó de ser un mero agitador de partidos. “Volví de la Universiada de Palma de Mallorca –anteriormente había acudido con la selección sub-21 al Mundial de Australia— y empecé a hacerlo mejor, con más conocimiento del juego en sí, un poco lo que fui ya los siguientes años”, apunta. En Ourense pasó seis temporadas que incluyeron un poco de todo: un ascenso a ACB en la primera de ellas y un descenso a LEB Plata en la última. Pero en ese lapso, nuestro protagonista ya se había convertido en un base dominante en la segunda categoría, en la que continuó tras ser reclamado por el León. Allí le ocurrió algo similar en cinco años: subió un año a la máxima categoría y acabó asistiendo a la salida del club de la LEB por problemas económicos.

“Es para estar contento. Han sido casi 20 años viviendo de esto. Pero siempre me quedará la espina clavada de no haber podido jugar sano aquella temporada tras subir con León. También me hubiese gustado que mi hijo Juanjo me viese jugar siendo más mayor para poderse acordar. Ahora tiene tres años y medio”, asegura. Después de esa campaña, en la que saltó a la pista con grandes dolores, se operó de dos hernias inguinales, pero aun así aguantó un par de campañas más en el León, de nuevo en LEB Oro. No era un hombre de cambiar mucho de equipo, ya lo veis.

En Ávila había conocido a su mujer, la ex jugadora de voleibol Silvia Rodríguez, con la que montó una empresa llamada BcEvents que se dedica a organizar campus y otras actividades. Pero la actividad principal de Bernabé es ahora en la agencia de representación UFirst, una de las grandes del ‘mercado’. “Ahora sobre todo estoy viendo y contactando con jugadores, casi haciendo más kilómetros que cuando yo lo era. Estoy aprendiendo todavía”, afirma con la misma modestia con la que, soñando con un futuro en el basket, durante una época fregó y barrió en un restaurante de Zamora.