Antonio Medianero: Abandonar con solo 26 años

Antonio Medianero: Abandonar con solo 26 años
Con el Unicaja en la 92-93 (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Antonio Medianero se retiró pronto. Muy pronto. Con 26 años dijo que no jugaría más en el baloncesto profesional y lo cumplió. Extraño fin de viaje para un escolta de 1,91 que unos años antes, salido de la cantera del Joventut y con un puesto más o menos fijo en la ACB, prometía mucho. “No sé si me he arrepentido o no haber tomado aquella decisión. El caso es que era lo que sentía en aquel momento”, cuenta ahora, tres lustros después de aquello.

Medianero es de L’Hospitalet de Llobregat, un lugar de menos ‘glamour’ baloncestístico que Badalona, pero también mucha tradición en el mundo de la canasta. Su familia llegó procedente de Córdoba. Él debutó en la temporada 89-90 como verdinegro, pero le fue imposible hacerse un hueco en el competitivo juego exterior y se marchó al TDK Manresa. Su buena temporada allí le abrió las puertas del Unicaja. En Málaga estuvo dos años (91-92 y 92-93), con mejores y peores tiempos (“la segunda temporada fue un desastre; por la fusión con el Mayoral Maristas acabamos seis escoltas en la plantilla”). Fue entonces cuando empezó la racha de mala suerte que le acabó llevando a tomar la decisión de dejarlo.

“Tuve una lesión muy importante, una rotura de ligamento que me dejó el peroné colgando. Me quedé sin equipo, pero Breogán apostó por mí y pude volver a jugar empezada la 93-94”, recuerda. Sin embargo, nada acabó de irle rodado en el plano físico: “empezaron a salirme más cosas. El menisco y demás, supongo que por el sobreesfuerzo por recuperarme de la otra lesión”.

Su carrera no acababa de despegar, pero en 1995 encontró acomodo en Salamanca de la mano de Pedro Martínez, que le conocía de Badalona. “Iba bien, pero el equipo cambió de estructura en mitad de temporada y fichó a un alero americano (AJ English) para sustituir a Jim Les, que era base. Los minutos se redujeron bastante. Yo era un tirador, pero los entrenadores me ponían constantemente como especialista defensivo, para parar la estrella del equipo rival”.

Sin embargo, la sensación era todavía positiva positiva y tenía contrato para seguir en Salamanca. “En verano del 96, de buenas a primeras, el equipo vendió los derechos y me quedé en la calle. Tenía una oferta del Murcia, pero elegí mal yéndome a Inca, a la LEB, y me fue fatal allí. Fue muy duro. Me planteé dejarlo y lo hice. Fue una lástima, pero ocurrió así”, apunta.

Desde entonces no se ha desvinculado del baloncesto. Dedicado profesionalmente durante una época a la construcción y promoción de viviendas (“ahí sí tuve suerte y, por otras cuestiones, lo dejamos antes de que todo se viniese abajo”) y después al sector del aceite de oliva, ha ejercido como entrenador de categorías inferiores en Cornellá y Sant Feliu. En los últimos meses ha estado en una candidatura que intentó ganar las elecciones del histórico CB Hospitalet, pero que no lo consiguió. “Ahora queremos crear un club nuevo en la ciudad. Somos un grupo de personas del baloncesto de siempre que queremos trabajar para la gente”, destaca.

Atrás quedan sus 204 partidos en la actual Liga Endesa, con 7 puntos de promedio en 19 minutos en pista.