Gonzalo Martínez: El cerebro le ganó al cuerpo

Gonzalo Martínez: El cerebro le ganó al cuerpo
Primera etapa en Estudiantes.

Javier Ortiz Pérez

Es natural que se diga que en los bases debe primar más el cerebro que el músculo: son los que hacen jugar al equipo, los que toman más decisiones. Pero en el caso de Gonzalo Martínez esa aseveración resulta obligatoria: midiendo apenas 1,78 y un cuerpo muy fino y aparentemente endeble, debió tener mucha y muy buena materia gris dentro de su cabeza para poder disputar con nota alta 17 temporadas en la Liga Endesa, un total de 426 partidos (19 minutos y 5,6 puntos y 2,6 asistencias de media).

La cuestión física se lo puso más difícil todavía porque la primera parte de su carrera estuvo marcada por varias lesiones en las rodillas que le impidieron coger continuidad, pese al talento que demostraba. “Durante aquel tiempo estuve temiendo mucho tener que dejarlo y estaba seguro de que no duraría mucho en el baloncesto. Me mentalicé para ello, pensando que sería algo transitorio. Firmaba contratos año a año porque no sabía si iba a poder seguir el siguiente. Quizás eso me hizo disfrutar un poco menos. Luego es curioso ver que jugué hasta los 34 o 35”, afirma ahora.

“Fue un privilegio poder estar tanto tiempo con los mejores. Cuando te retiras tienes una sensación de mezcla de cosas, pero luego te vas quedando más con las buenas que con las malas. Es algo muy intenso, muy bonito, que sabes que no se puede igualar con nada que hagas en el resto de tu vida. Y más todavía si es una vocación, como era mi caso”, añade.

Fue un hombre muy fiel a sus clubs: producto clásico del Estudiantes, solamente estuvo en el equipo del Ramiro (1994-2002 y 2006-2008), en el Gran Canaria (2002-06) y unos meses en el Murcia, en la temporada de su adiós, la 2008-09.

Al pequeño de los Martínez le compararon al principio con su hermano Pablo, con quien llegó a compartir equipo. Ambos tenían a su vez la sombra de otro histórico del Estudiantes, su padre, Juan Antonio Martínez Arroyo. Ninguno llegó a ser tan bueno como el progenitor, que alcanzó las 70 internacionalidades. Lo que principio tienen en común es la posición y el club en el que se formaron. Gonzalo no llegó a ser internacional absoluto, pero sí juvenil, ganando el bronce en el Europeo del 91.

¿Cómo venció a las limitaciones anatómicas? “Mi fuerte era estar en un deporte de equipo que entendíamos cómo funcionaba. Con esa desventaja física, solo se puede jugar si consigues eso. Mi problema no era solamente la altura, sino también el peso. Pero fui obteniendo mis recursos. Basta decir que en todos mis equipos, incluso cuando era niño, fui el más bajo de todos los jugadores”, explica.

Con eso que llaman ‘la cultura del esfuerzo’ muy arraigada en su familia, Gonzalo no tuvo demasiados problemas para encontrar acomodo laboral tras su retirada. Mientras jugaba se iba sacando la carrera de Económicas en la Universidad Autónoma de Madrid (“me fue muy difícil, pero tuve paciencia y constancia”) y ahora trabaja para Generali Seguros en el departamento de formación de agentes.