Juan Rosa: Un ‘matador’ que busca trabajo

Juan Rosa: Un ‘matador’ que busca trabajo
Portada de Panini-90

Javier Ortiz Pérez

Juan Rosa disputó 228 partidos en la actual Liga Endesa con tres equipos distintos (Joventut, Murcia y dos etapas en Girona). Promedió 6,8 puntos en esas nueve temporadas en la élite y fue una gran promesa con unas condiciones estupendas. Hubo una época en la que pareció que iba a ser un primera fila: era muy alto para jugar de ‘3’ (2,06) y podía también hacer daño al poste. Sin embargo, las temidas lesiones ralentizaron su progresión en momentos claves.

Rosa es de Jerez de la Frontera, pero se dio a conocer en Cataluña. Siendo un quinceañero hizo primero una prueba con el Granollers, que le intentó fichar. Pero a él no le convencieron las condiciones del sitio e hizo bien en esperar, porque la siguiente llamada la recibió del Joventut, la gran ‘meca’ del baloncesto de base en Cataluña. En cinco años en la cantera verdinegra progresó lo suficiente como para debutar en la ACB (temporada 86-87), intentando hacerse un hueco en la rotación. Pero no era fácil detrás de Jordi Villacampa y Josep Maria Margall. Tres temporadas estuvo en la órbita del primer equipo, trabajando mucho con Alfred Julbe en su conversión de pívot a alero. “Fue una persona que apostó mucho por mí”, recuerda ahora.

En la búsqueda de los minutos, y también con Julbe en el banquillo, acudió a Girona en 1989, donde permaneció cinco de las seis siguientes campañas (tuvo un paréntesis en el Murcia en la 93-94). Algunas de ellas fueron bastante apañadas, incluyendo un momento mítico en su vida: fue subcampeón del concurso de mates del All Star en 1989, en Logroño, solamente superado por Ricky Winslow. Ese momento quedó inmortalizado en la portada de una colección de cromos que sacó Panini en 1990 (“tengo el álbum por aquí. La verdad es que me hace mucha gracia verme ahí”).

“En general tengo buenos recuerdos de aquella etapa. Alternaba el ‘3’ y el ‘4’, aunque quizás me sentía más cómodo jugando por dentro”, apunta. Sin embargo, la cuestión física le amenazaba siempre: “Me ocurrió varias veces que, cuando mejor estaba jugando, me lesionaba, y tenía que empezar otra vez de cero”.

Para reponerse de una de aquellas lesiones dio un paso atrás: volvió al sur para jugar en El Ejido, en EBA (95-96). En el proceso de relanzar su carrera en el Breogán de Lugo en LEB, volvió a tener problemas similares. “Ya no pude más y decidí volver a casa”, agrega. Sus últimos cuatro años fueron también en la categoría de plata, en Los Barrios, cerca de su Jerez natal. “Volví a disfrutar bastante del baloncesto… menos las dos últimas temporadas, en las que tuve problemas de nuevo”, apunta.

Se retiró en el 2002 en el conjunto gaditano, donde pasó inmediatamente a ejercer como delegado, al tiempo que trabajaba como administrativo en una televisión local. Sin embargo, le han venido malos tiempos: el equipo desapareció hace cuatro años y el canal, hace poco más de uno, por lo que ahora está en paro. Como tantas personas en este país, busca un empleo y no lo encuentra.

Rosa tiene un hijo que promete. Se llama Ignacio y mide 1,92 a sus 13 años. Está en el Unicaja y hace poco ha destacado en el Campeonato de España infantil, no tanto en números (9,3 puntos y 8 rebotes) como en sensaciones. “Tiene muy buenas condiciones. O, por lo menos, es mejor que yo a su edad”, dice el padre. Ambos posaron en el número de mayo de ‘Gigantes del Basket’.