Dani Pérez: La cara y la cruz de un tirador

Dani Pérez: La cara y la cruz de un tirador
Manresa, dos años fantásticos (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Dani Pérez escondía en un cuerpo enjuto y fibroso un escolta tirador espectacular, pero, como él mismo reconoce, la segunda parte de su carrera tuvo algo de insatisfactorio, de expectativa no cumplida. No se puede decir que firmase globalmente una floja trayectoria ni nada por el estilo (303 partidos en la Liga Endesa es mucho y 8,8 puntos de promedio no está nada mal). Sin embargo, lo cierto es que no mantuvo el estupendo nivel de los primeros años, cuando primero se convirtió en un referente anotador en Manresa y luego rozó el cielo siendo un secundario de lujo en una gran época del Joventut, la de las ligas y la Euroliga ganadas a principios de los 90.

Pérez fue un producto más de la inagotable de Badalona. O quizás no fue tanto ‘uno más’, sino alguien especial, que recogía la mejor tradición de tiradores ejemplificada por Josep Maria Margall. Y en el fondo pasó a ocupar su puesto en ‘la Penya’, lo cual era un mensaje de que se confiaba en su tremendo acierto y capacidad para anotar saliendo del banquillo. Claves fueron esas dos temporadas de rodaje en la ACB en el TDK (90-91 y 91-92, con muy buenos promedios alrededor de los 15 puntos por partido) para regresar a lo grande al Joventut, donde sumó dos campañas más (92-93 y 93-94) con un título nacional y otro europeo dándole los relevos precisos a Jordi Villacampa.

Su salida de Cataluña tuvo en principio un par de años positivos en León, pero su paso al Caja San Fernando en 1996 marcó un antes y un después. Estuvo mucho tiempo sin ser él mismo y ni en Sevilla ni, ya ‘degradado’ en la LEB, en Huelva (98-99) y Granada (99-2000) tuvo el papel que se esperaba. “No me supe adaptar bien a lo nuevo, a las dificultades, aprender de las situaciones”, afirma hoy en día. Su regreso a la ACB en el 2000 sí le reconcilió un poco con el baloncesto: en el 2001 participó en la inesperada permanencia del Cantabria Lobos, pero luego regresó a Cataluña. En Montcada en EBA estuvo jugando hasta los 38 años (2008), “disfrutando muchísimo” como ‘4’ abierto, pero ya no a un nivel profesional.

“Es complicado hablar de la carrera de uno. Creo que, con la calidad que tenía, podía haber hecho más. Pasaron muchas cosas: manejar las lesiones, tener un entorno adecuado… Pero la verdad es que, cuando acabas de jugar, te acuerdas de los malos momentos, pero con distancia, un poco más de los buenos”, añade. “Yo era un tío que cuando jugaba, buscaba divertirme. Y me costó mucho dejarlo. Lo pasé bastante mal porque se me vino el mundo encima”.

Así, con esa mezcla de sensaciones, se despide. Se ha abierto camino en el mundo laboral: le gustaba la informática, hizo unos cursos y trabaja en una empresa de servicios informáticos de Barcelona. Ese cierto desapego por lo ocurrió en su carrera lo ilustra con un hecho: “la verdad es que no guardo vídeos, ni camisetas, ni nada por el estilo. La gente me reconoce sobre todo porque jugué en el Joventut, claro”.