Jordi Millera: ‘El Chato’, esa lapa defensiva

Jordi Millera: ‘El Chato’, esa lapa defensiva
En el cartel de un partido del Tau.

Javier Ortiz Pérez

Resultaba emocionante ver a Jordi Millera salir a la pista unos minutos, normalmente al final del primer cuarto, presionar hasta la extenuación al base rival, subir la pelota decentemente y, casi siempre, dársela al bueno para que resolviese. Y de vuelta a la otra zona, más presión y más aburrimiento para el oponente. El típico base defensivo, sí, que ayudó desde ese rol a dos títulos importantes en la historia del Baskonia: la Copa de Europa del 96 y la Copa del Rey del 99.

Criado en el Bosco Horta y captado por la cantera del Granollers, debutó en la ACB en el club catalán en la 89-90. El chico, aunque algo escaso de estatura (1,76), prometía abiertamente, y se asomó a varias selecciones nacionales de categorías inferiores. Pero su recorrido hasta asentarse en la primera línea nacional no fue tan sencillo. Consiguió un ascenso con el Salamanca en 1994 (“quizás el momento más feliz de mi carrera”), pero no fue hasta finales de 1995 cuando le reclamó el Tau para un contrato temporal… y se quedó casi cuatro años. Luego también se ganó la vida con la previsible honestidad en Manresa, Valencia y Alicante. En total, 335 partidos en la máxima categoría con 3,7 puntos en 16 minutos.

“La verdad es que fui un privilegiado por la gente que conocí y los títulos que gané, pero eso ya es algo que forma parte del pasado”, cuenta ahora desde Barcelona. Su relación con el baloncesto actual es escasa, aunque ha entrenado durante dos años a un equipo infantil influido por su familia (“mis hijos juegan”). En realidad, realiza un trabajo de administrativo y de documentación en una gran multinacional farmacéutica, Boehringer Ingelheim, que comercializa productos tan populares como el Bisolvon o el Nolotil.

“Mis características físicas me hicieron especializarme, pero para llegar a la Liga Endesa hay que hacer muchas cosas bien. Cuando te encasillan ya tienes mucho que hacer”, señala sobre su papel de defensor. Descaradamente le faltaba tiro exterior: solo alcanzó un 28% en triples y en los libres tuvo un gris 67%.

Desde luego, antepone a todo lo demás los años que pasó en Vitoria y sitúa a Manel Comas como un entrenador clave en su trayectoria: fue quien le hizo estrenarse en ACB y el que le reclamó para el Tau cuando jugaba en EBA con el Zamora.

Después de salir de Gasteiz su carrera tuvo un poco de todo: un descenso con el Manresa (“mi mayor decepción, sin duda”), protagonismo de secundario en un lujoso Pamesa Valencia (2000-02) y una 2002-03, bastante buena en lo global con el Lucentum Alicante, que terminó octavo y se clasificó para competiciones europeas, pero sin muchos minutos a nivel individual. Su última experiencia profesional fue en la LEB con el Tarragona.

Al parecer, el mote de ‘El Chato’ se lo pusieron en Vitoria. Tiene su guasa, porque precisamente si algo no es Millera, es ‘chato’. Quizás de ahí le venía su olfato para meter la mano en el momento adecuado.