Andrae Patterson: Clase que no se vio en los números

Andrae Patterson: Clase que no se vio en los números
Jugando Euroliga con el Estudiantes.

Javier Ortiz Pérez

A lo largo de toda su carrera, Andrae Patterson se caracterizó por aportar cifras no muy llamativas a sus equipos en puntos y rebotes, pero prácticamente nunca fue discutido dentro de ellos. El motivo no es, como pueda pensarse en un principio, porque aportase ‘intangibles’: no era excelso defensor (aunque sí tenía facilidad para los tapones) ni tampoco un tremendo jugador de equipo. Más bien ocurría que tenía tanta clase que era difícil desprenderse de él.

En España estuvo cinco temporadas consecutivas –desde la 2001-05 hasta la 2005-06— con una distribución muy llamativa: Estudiantes, Manresa, Estudiantes, Estudiantes y Manresa. Como se puede imaginar, fue dejando buen recuerdo tanto en el Ramiro como en el Bagés. En ambos sitios le volvieron a reclamar para que hiciese valer sus condiciones de ‘4’ abierto y un físico aparentemente lento, pero que utilizaba con gran inteligencia.

Patterson sabía jugar al baloncesto. Formado en la universidad de Indiana, como ‘hoosier’ promedió 11,3 puntos y 5,7 rebotes y acudió al Mundial junior del 97. Escogido el 46 del ‘draft’ de 1998, apenas tuvo oportunidades en temporada y pico en los emergentes Timberwolves de Flip Saunders (40 partidos en total y 7,6 minutos). Desembarcó en el Estudiantes en el 2001 y aseguró exactamente 10 puntos y 5 rebotes. Mejorar ligeramente sus prestaciones en Manresa el año siguiente (12,5 y 5,7) le valió el retorno a Madrid dos años seguidos. Siguió ganando batallas contra sus grises estadísticas (9,0 y 5,2; 7,6 y 3,5), cerrando su lustro en España de nuevo en Manresa (8,1 y 4,4). El resto de su trayectoria, hasta el 2009, la pasó mayoritariamente en Grecia, con pequeños pasos por Croacia e Israel. Tampoco lució en la planilla.

De regreso a su país, ahora le he encontrado como entrenador asistente en la Universidad de Texas at Arlington, donde por cierto no pierde detalle de lo que sucede con jóvenes españoles y próximamente puede que ‘reclute’ a alguno. “Es un placer devolver el conocimiento del baloncesto que he aprendido a lo largo de los años a los jóvenes. No solamente me gusta entrenar, sino también ser un poco ‘mentor’ de los que tenemos aquí”, me escribe.

Respecto a su etapa en España, dice haber “disfrutado mucho”. “Madrid y Manresa fueron estupendas para mí y mi familia. Durante mi carrera en la ACB los fans y los clubs fueron fantásticos. Recuerdo la pasión que tenían los aficionados, cómo nos animaban”, indica. Pero no solamente le caló el baloncesto nacional, sino también el ‘lifestyle’. “La cultura era también estupenda, muy orientada a la familia, amigable, con estupenda comida y la siesta. Estoy planeando regresar y volver a visitar algunos sitios cuando tenga algo más de tiempo libre”, señala.

En su relato no faltan los nombres propios, claro. Y es que, según afirma, “me he mantenido en contacto con viejos compañeros que ahora están jugando o incluso entrenando, como Felipe Reyes, Sergio Rodríguez, Carlos Jiménez y Nacho Azofra”.