Alfredo Fabón: El ‘ascensor’ inconstante

Alfredo Fabón: El ‘ascensor’ inconstante
En el Europeo junior de 1990 (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Alfredo Fabón lo dice ahora, con la distancia: “Tengo una sensación agridulce de mi paso por el baloncesto. Hay factores que influyen para que no llegase tan lejos como la gente y seguramente yo también esperábamos: podía haber sido más trabajador, más luchador. Y no fue así. Además, a la gente de mi generación, la del 71, nos perjudicó la irrupción del tercer extranjero en 1992, justo cuando podíamos haber tenido más minutos. Eso nos machacó y quedamos en tierra de nadie”.

Fabón, con esa clásica franqueza maña, mezcla así autocrítica y crítica. Era un alero de esa altura que casi nunca se recoge en las plantillas (1,99), a medio camino entre el ‘2’ y el ‘3’. No era uno más en esa generación de la que habla: fue internacional en categorías inferiores y logró el bronce en el Europeo junior de 1990, el año en el que se proclamó campeón nacional con el CAI Zaragoza, su equipo de formación.

Rápido, con muchas posibilidades ofensivas, también le acabó perjudicando ser más conceptuando como un jugador más dado a liderar a un ‘grande’ de Primera en busca del ascenso que a completar la rotación de algún ACB. En total fueron 176 partidos en la máxima categoría entre CAI, Pamesa Valencia, Granada y León. 4,8 puntos de promedio en 18 minutos.

También lamenta su mala suerte a niveles contractuales: cuanto firmó por el Lliria, en 1993, se quedó sin plaza ACB de repente. Y cuando lo hizo en Huesca, el CAI pidió “unos derechos de formación exorbitados que impidieron mi incorporación”. “También estuve a punto de fichar por el Baskonia, pero todo se fastidió a última hora”, agrega.

Tuvo, eso sí, la alegría de ascender con dos equipos, Salamanca y Granada. “Me quedé con el cartel de subidor de equipos”, recuerda. Y vivió un terrible disgusto cuando descendió con el León en el 2000, pese a su buena temporada a nivel individual. Ya no volvería recibir llamadas de la máxima categoría y, tras un año en Huesca en LEB, optó por la retirada a nivel profesional cuando todavía no había llegado a los 30 años.

Fabón dirige desde hace tres años Altiba Travel, una próspera empresa de exportación e importación de pescado, un sector al que ya se había dedicado anteriormente. “La verdad es que estoy bastante desconectado del baloncesto”, dice. Lo curioso de la empresa es que está radicada en un sitio sin mar como Zaragoza. “Exportamos a medio mundo y nos mantenemos un poco alejados de la crisis, porque tampoco necesitamos mucho personal”, cuenta.

Según dice, sus años en el baloncesto le han enseñado mucho para aplicar en el ‘día a día’ laboral: “Me parece muy bien la gente que hace ‘masters’ y demás, pero el deporte es de las mejores escuelas de vida que puedes tener y se puede llevar a cualquier cosa que hagas. Te da unos hábitos y un punto de vista que realmente te ayuda para afrontar los problemas. Cuando hay que tomar una decisión rápida sobre llevar tal o cual camión a un sitio y la gente no me ve nervioso, les digo: ‘tranquilos, esto no es nada comparado con que te estén pitando 5.000 tíos y vayas a tirar un tiro libre decisivo’”.