Juan de la Cruz: Sabiduría de ‘Lagarto’

Juan de la Cruz: Sabiduría de ‘Lagarto’
Fajándose con Kevin Magee.

Javier Ortiz Pérez

Juan Domingo de la Cruz fue uno de los interiores más importantes del baloncesto español desde mediados de los 70 a finales de los 80, una carrera larguísima que incluso se prolongó hasta los 42 años, en 1995, en Segunda División. El ‘Lagarto’ fue clave en el Barcelona para discutir la hegemonía de los pívots del Real Madrid y también cumplió con nota un papel específico en la selección española.

De la Cruz, con ese pelo enmarañado más largo por detrás que por delante, era flaquito y no excesivamente alto (2,03), pero sí muy listo. El típico defensor que sabe cuándo meter la mano. Y dónde y a quién, sin que el árbitro le detecte. Y en ataque no le faltaban facultades, aunque no siempre le llegasen buenos balones. Nacido y crecido en Argentina, aunque de padre y abuelos españoles, Eduardo Portela, entonces gerente del Barcelona, le vio jugar en Mar del Plata y se lo trajo, iniciando un proceso de nacionalización que acabó felizmente. Los azulgranas contaban con un pívot más como ‘caído del cielo’.

Aparte de para casarse con una barcelonesa, doce temporadas en el Palau dan para mucho: tres ligas, seis Copas, un Mundial de clubs, dos Recopas, una Korac… Como toda aquella generación, solo le faltó la Copa de Europa. “Fueron unos años muy buenos, inolvidables. Yo hacía mi trabajo lo mejor que podía, siempre pensando más en el equipo que en mí mismo. Quizás no tenía mucha envergadura, pero me las arreglaba para que el otro pívot no anotase”, recuerda.

También estuvo en la foto de la plata de Los Angeles-84, “un éxito inesperado, pero se juntó muy buen equipo mezclando a los veteranos con los jóvenes y allí estuvimos, compitiendo contra los que entonces eran los mejores universitarios”. Fue 131 veces internacional y durante una época cogió una estupenda fama: la de ser el único jugador capaz de parar a Vladimir Tachenko.

En 1987 empezó la segunda parte de su carrera, recuperando los minutos que le habían faltado en el Barça en sitios como Valladolid (“mejor el primer año que el segundo”), Manresa (“nos salvamos con un equipo muy entrañable”) e incluso Vitoria (“fui solo a echar una mano y acabé jugando bastante”). Desde luego, es una risa reseñar el dato de sus 232 partidos ACB, porque habría que sumarle los de otros ocho años, desde 1975 a 1983, en la Liga Nacional, el precedente de la máxima categoría.

En 1991 voló a Mallorca para jugar con el Prohaci y allí se quedó, montando campus de baloncesto, trabajando mucho con muchos niños y hasta creando un club con su nombre. Su última experiencia como director deportivo del Basquet Mallorca no fue, sin embargo, muy satisfactoria (“me deben año y medio de salario”). Hace relativamente poco también fue comentarista de los partidos de la selección en La Sexta.

Como tantos y tantos españoles en esta época de crisis se está planteando irse lejos para buscarse la vida. “Hace poco he estado en Costa Rica y creo que hay un proyecto interesante de hacer unas escuelas para niños. Me ha gustado lo que me han dicho y creo que me voy a ir pronto para allá para darle un impulso. Tengo 59 años, pero no estoy viejo. Me siento capaz de hacer cosas y no voy a quedarme sentado en el sofá a que venga ‘la parca’. Lo único que no puede perder uno es la ilusión”.

Si te vas, vuelve pronto, ‘Lagarto’.