Javier González: El abogado albaceteño

Javier González: El abogado albaceteño
Joven en Valencia.

Javier Ortiz Pérez

A Javi González le tenía bastante perdida la pista. Fue un pívot bastante importante en los 90, pero con ese nombre, y fuera del baloncesto, es bastante difícil de ‘googlear’. Menos mal que los amigos de la federación manchega de baloncesto, al igual que sucedió con César Arranz, me pasaron el enlace de la entrevista que le hicieron para su programa de radio ‘Campo atrás’. Ahíhe podido saber lo que ha sido de él: actualmente es abogado en un despacho de su localidad natal, Albacete, donde, afirma, le va “bastante bien”. Supongo que tiene que intimidar verle en un juicio con sus 2,05…

“La vida sigue”, resume González, que disputó ocho temporadas en la ACB entre Pamesa Valencia, Ferrol, Caja San Fernando, Granada y Fuenlabrada. En total, 227 partidos con unos números modestos (3,5 puntos y 2,7 rebotes en 13 minutos), pero siempre mucho compromiso y profesionalidad a la hora de pegarse con los americanos de turno.

Su paso a la primera fila nacional fue algo así como un cuento de hadas. Empezó a jugar muy tarde, “con 16 o 17 años, por el tema de la altura, porque en aquella época lo que se practicaba era el fútbol, el fútbol sala”. Formado apresuradamente en la cantera del CABA albaceteño, su vida cambió de un día para otro en 1990. “Vino el Pamesa a jugar un torneo de ferias y se fijaron en mí, el entrenador era José Antonio Figueroa. Di un salto desde Segunda División a ACB. Son dos mundos absolutamente distintos. Me acogieron bien. Confiaron en mí y me dieron minutos”.

Tras un par de años en Valencia, probablemente su mejor temporada fue la 92-93, en el OAR Ferrol. “Para los pívots corrían malos tiempos con los tres extranjeros, pero allí tenían dos americanos exteriores y jugué de titular durante todo el año”, recuerda. Eso le valió un buen contrato en el Caja San Fernando la campaña siguiente y la convocatoria para los Juegos del Mediterráneo en Montpellier con la selección nacional de promesas.

En Sevilla no le fue tan bien (“con los tres extranjeros los minutos se redujeron bastante. Mi papel no tuvo nada que ver con el de Ferrol”), pero tuvo la oportunidad de jugar una final liguera. Tampoco lució demasiado en Granada (96-97) y estimó que era el momento de volver a ser importante. Recaló en el Fuenlabrada “con la idea de jugar en LEB. Coincidí con Perasovic, un monstruo. Fue un año muy bonito. Nos costó mucho trabajo, pero conseguimos ascender”.

Eso supuso su última experiencia ACB, en la 98-99, también con el ‘Fuenla’. En la siguiente vivió la cara contrapuesta con otro grande de la LEB, el Murcia. “Se hizo un buen equipo para intentar subir, pero las cosas no salieron bien”, dice. Era el momento de volver a casa. Los últimos años los pasó entre EBA y Primera en Albacete mientras que reorientaba su camino profesional.

“Con el baloncesto prolongas tu juventud durante muchos años. El problema es que, cuando acabas y pasas a la vida profesional, lo haces con 32 o 33 años, y es un salto difícil. Cuesta mucho”, apostilla, entre caso y caso.