Óscar González: De extremo derecho a base musculoso

Óscar González: De extremo derecho a base musculoso
Valladolid, 2003. Ojo con las ‘mazas’.

Javier Ortiz Pérez

Parece que Óscar González iba para futbolista. “Eh, que era muy extremo derecho muy bueno”. Sin embargo, el Real Madrid le descartó en las pruebas en edad infantil y tuvo que decidirse por el basket, en el que tampoco debe quejarse. No fue una estrella, pero sí un jugador muy práctico, sobre todo en equipos de LEB, en el que se convirtió en un talismán desde la posición de base con tres ascensos a la máxima categoría.

Se trataba de un base de los que no se veían mucho antes, cuando regresó a España en 1999 después de cuatro años en la Universidad de Pittsburg. Lo digo porque, con su 1,85 peladillo, lucía unas tremendas ‘mazas’. Un ‘1’ no solía estar tan musculado como él, una característica física que le ayudó a nivel defensivo en sus 12 años de profesional.

“Creo que tengo que estar contento. Ochos años en la LEB Oro y cuatro en la ACB, incluyendo poder debutar en la Euroliga con el Real Madrid. Tres ascensos y dos Copas del Príncipe. En todos los sitios estuve bien”, afirma. Está de viaje: acaba de acompañar a uno de los representados de la agencia para la que trabaja, Management ARIOR, una de las más poderosas del panorama nacional. Se ocupa bastante del mercado de la NCAA, de ‘fichar’ a jugadores para que vengan a Europa. Es un habitual de las fases finales de la liga universitaria los últimos años.

Pese a la ‘infidelidad’ con el fútbol, el baloncesto ‘lo mamó’ en casa: su padre, Tomás González, entrenó en la ACB a mediados de los 80 con el Cajamadrid, al que había ascendido. “De pequeño iba mucho a ver los partidos a Alcalá de Henares. Recuerdo haber estado con Wayne Brabender, los Llorente, Beirán…”.

La decisión clave de su vida fue probablemente marcharse en 1995 a la Universidad de Pittsburg, donde permaneció cuatro años. “Fue allí donde tuve que dar el salto físico para poder competir. Siempre me ha gustado mucho trabajar y me pasaba horas y horas en el gimnasio o tirando. Cuando hablo con jóvenes muchas veces les pongo mi ejemplo. Con trabajo, trabajo y trabajo se puede llegar a cualquier sitio, les digo”, apunta.

Tras año y medio de ‘reaclimatación’ en España con el Córdoba en LEB, Alfred Julbe le fichó para Cáceres, donde estuvo otra temporada y media. De ahí, a Valladolid, dos temporadas. Pero en ninguno de estos dos clubs ACB se asentó en la titularidad. Su sitio estaba más en la segunda categoría, donde sí fue importante en Zaragoza (dos etapas), Manresa, Gandía y Melilla. Entre medias tuvo una etapa de ‘temporero’ en el Real Madrid, en la 2005-06, con el que fue titular en uno de sus tres partidos ligueros y también se asomó a la Euroliga.

González se retiró hace relativamente poco. Dos años, tras su último ascenso, con el Murcia, donde tuvo un papel más residual que en los que logró con Manresa y CAI. Le sigo viendo bastante a menudo porque se quedó a vivir en Cáceres. Es cuñado de Juan Sanguino, otro jugador que recientemente ha abandonado el baloncesto profesional. Las mujeres de ambos son hermanas. No hace falta imaginar mucho de qué se habla en las reuniones familiares… Sigue siendo un ‘loco’ del basket y juega, cuando puede, en el Torneo Diputación, una liga de aficionados, con el TeeBoo Bar. También se estrenó recientemente con los veteranos del Madrid en un amistoso en Rusia.