Carlos Jiménez: : Pegamento dorado

Carlos Jiménez: : Pegamento dorado
Primera etapa en el Estudiantes.

Javier Ortiz Pérez

Carlos Jiménez

Lo realmente sorprendente de Jiménez es que fue una abeja obrera siendo escandalosamente bueno en la colmena de las canastas. Hay especialistas que quedan limitados por sus propias condiciones físicas o técnicas, gente muy dotada para el rebote y/o la defensa que luego no tiene facilidad de cara al aro y que por eso quedan como secundarios. En el caso del chico criado en el Colegio San Viator, nunca estuvo muy claro por qué, teniendo muchísima clase ofensiva, prefirió mantenerse en un segundo plano, trabajar para las otras estrellas. ¿Nunca estuvo claro? En el fondo sí: le interesaba ganar más que lucir él individualmente.

Por eso construyó una carrera gigantesca sin haber pisado uno de los dos ‘grandes’, aunque bien cerca que estuvo de acabar en el Real Madrid en el 2005. Pero no: solamente tuvo dos amores: el Estudiantes y, ya en la madurez, el Unicaja. Como auténtica plastilina para los entrenadores, hizo siempre exactamente lo que se le pidió: defender al referente rival, ayudar muchísimo en el rebote, alternar el ‘3’ con el ‘4’, salir fuera a pegarse algún triple… El ‘sueño húmedo’ de todos los entrenadores.

Este carácter maravillosamente gregario quedaba más al descubierto en la selección. Siendo un poco mayor que la generación de oro del basket nacional, su presencia como invisible pegamento resultó clave para la retahíla de podios conseguidos a partir del 2001. Para meter ya estaban los Pau Gasol, Navarro, Rudy y demás. Para él quedaba el trabajo ingrato de pasarse minutos y minutos en pista sin la necesidad de ejecutar un tiro. Y ni una mala cara. Más bien al contrario: era el más feliz en los éxitos porque sabía mejor que nadie el sudor que costaba conseguirlos.

En el plano personal también se mantenía con una sólida discreción, quizás como prolongación de lo que era en la cancha. Nunca fue un hombre de declaraciones llamativas. “Afortunadamente he tenido una carrera muy plena y me siento muy satisfecho. Tengo tantos recuerdos que me resultaría difícil enumerarlos”, comenta.

A nivel de clubs, Jiménez solo ganó un título, la Copa del 2000 con el Estudiantes. Pero sus vitrinas está bien pobladas con un oro Mundial, una plata olímpica, tres platas europeas y un bronce continental en sus 171 internacionalidades. Y si hablamos de números, sus 641 partidos ACB solo los superan cuatro jugadores (Rafa Jofresa, Nacho Rodríguez, Nacho Azofra y Alberto Herreros), con 8 puntos y 5,5 rebotes de promedio. Pero si hay un jugador al que las estadísticas no tratan bien, es éste.

Pero… ¿cómo se ve él? “Siempre me he considerado un jugador de equipo, que podía hacer un poco de todo, que ha intentado dar lo máximo en la pista, aprovechar el tiempo al máximo fuera de ella y ser consecuente con lo que consideraba que era mi trabajo y con la suerte que tenía de hacer lo que más me gustaba”.

Esta temporada la empezó en la Liga Endesa, echando una mano al Unicaja. Fueron sus últimos once partidos. Ahora es entrenador asistente en el club malagueño, una faceta a la que se va haciendo poco a poco. Así lo está viviendo: “La verdad es que me encuentro muy a gusto. Hace muy poco tiempo estaba compartiendo vestuario con ellos como jugador y ahora estoy ayudándoles y aportándoles la experiencia que he acumulado en todos estos años, ayudando en el desarrollo de entrenamientos, la preparación de partidos… y cada día aprendiendo las tareas que tengo que ir desempeñando. Estoy bastante a gusto y contento de poder seguir viviendo el día a día de un equipo profesional”.

En su caso no hay reproche posible: su ingente trabajo se le ha reconocido. Y, si es así, es un gran mensaje: significará que en estos años hemos aprendido de baloncesto.