Dani García: Un 2,09 que enchufaba desde lejos

Dani García: Un 2,09 que enchufaba desde lejos
Con ‘su’ Joventut (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Dani García (no confundir con el ex técnico de, entre otros, el Cantabria) era un jugador diferente. Seguramente no tuvo mucha suerte en la segunda parte de su carrera, cuando, tras salir de su Joventut, mostró una extraña reiteración en estar presente en equipos que descendieron a la LEB. Sin embargo, fue uno de los primeros ‘4’ que, descaradamente, vivieron en la entonces línea de 6,25 para abrir defensas y dejar mucho hueco al ‘5’.

Tenía un aspecto desgarbado, como de despiste, pero sus triples hacían mucho daño. Participó en la consecución de la única Euroliga del Joventut y también en la victoria de la final de la Copa del Rey de 1997 (fue titular, pero no anotó). Casi siempre apostado para matar con algún misil de precisión. Todo un lujo para un tipo al que oficialmente se le daban 2,09 de estatura y tenía (y tiene, claro) unos brazos larguísimos.

Su recorrido fue un poco al contrario que muchos. Durante gran parte de su formación como verdinegro jugó como alero. Y al llegar al primer equipo, en 1993, también era ‘3’. Pero se vio que era más rentable como ‘4’ y en ese papel solidificó una trayectoria que totaliza 266 partidos ACB y 5,7 puntos en 16 minutos de promedio, además de cuatro años en LEB entre Alicante y León.

“Mi carrera tuvo cosas buenas y cosas malas, pero estoy contento de todos los sitios en los que jugué. Me trataron bien en todos, sentí que tenía el cariño de la gente, que yo creo que es lo importante. Obviamente, donde fue mejor fue en el Joventut. Ganamos la Copa de Europa y era el sitio donde soñé jugar desde pequeño. Pero en los otros lugares también bien: Vitoria, Cáceres, Manresa, Fuenlabrada… Por supuesto también León, que fue donde conocí a mi mujer, y tuvimos la alegría del ascenso”, cuenta.

No considera lo más relevante que en cinco de sus últimos seis clubs en la actual Liga Endesa (Manresa, Cantabria, Cáceres, Fuenlabrada y León) el desenlace final de la temporada fuese bajar de categoría. “En cada sitio de esos había unas circunstancias específicas y el descenso es algo que puede ocurrir cuando estás en equipos que son modestos económicamente. En el Fuenlabrada bajamos después de ganar 13 partidos, lo cual es increíble. Pero yo personalmente acabé contento y ellos conmigo. En al menos dos de esos clubs me ofrecieron renovar la temporada siguiente, lo cual indica que no tuve que hacerlo mal. ¿Que si soy gafe? No creo…”, comenta.

Ahora Dani vive bastante ajeno al baloncesto, aunque de vez en cuando se reencuentra con compañeros como Dani Pérez o Jordi Llorens. Cuando decidió abandonar en el 2008, después de su último descenso con el León, regresó a su Badalona natal y se puso a trabajar en la empresa familiar, una de esas que fabrican los pequeños regalos que recibimos en las bodas y otras celebraciones, aunque, aclara, “con la crisis que hay, hacemos un poco de todo”. También cuida de sus dos hijos, de tres y un año.