Lucio Angulo: El anti-divo

Lucio Angulo: El anti-divo
Jovencísimo en el Conservas Daroca.

Javier Ortiz Pérez

Conocí a Lucio Angulo hace cinco años, cuando empezó su última etapa como profesional en el equipo de mi ciudad, Cáceres. Obviamente, sí le había visto jugar mucho y bien en muchas batallas más lustrosas que las de la Adecco Oro, pero no sabía mucho de su personalidad. Pensé que, con ese bagaje que traía, iba a tratar con una estrella. Crepuscular, pero estrella. Y nada más alejado de la realidad. Pero sí es alguien muy especial.

Lucio, ese tipo que en un momento de su carrera se puso ‘Espinosa’ en la camiseta en homenaje a su madre, es la anti-estrella. O al menos no se comporta como uno pensaría que debe compartarse un tío que ha jugado 14 temporadas en la actual Liga Endesa, 512 partidos, que ha ganado títulos en clubs como Real Madrid y Baskonia y medallas con la selección. Creo que incluso hay un punto de exhibicionismo de ‘normalidad’ en su forma de vestir casi ‘hippie’, en su facilidad de reírse de absolutamente todo, sobre todo de sí mismo. No hay más que leer alguna de las entrevistas que le han hecho en los últimos años para darse cuenta de ello.

“No soy muy de recrearme en glorias pasadas”, me dijo el otro día. He de aclarar que a mí nunca me han salido buenas entrevistas con él, creo que porque las preguntas nunca están a la altura de las posibles respuestas. Y me cuesta mucho que no nos vayamos por los cerros de Úbeda. “Lo de ser jugador profesional de baloncesto es muy efímero. En realidad, no lo considero un trabajo. Somos unos privilegiados, por mucho que también haya exigencia, presión, tener que jugar muchas veces con dolor. Pero eso se ve claramente compensado por hacer eso que tanto te gusta desde niño”, añadía.

El anti-divo, ya digo. La última imagen suya en las canchas es siendo un jugador más en el Cáceres, trabajando para los demás, jugando durante muchos minutos de ‘4’ pese a su físico enjuto. O subiendo el balón. O secando a la estrella del rival, como tantas veces hizo cuando jugaba con los ‘grandes’. Quizás la pequeña tragedia de su trayectoria ha sido esa: verse encasillado como un ‘stopper’ defensivo. “Eso la culpa la tenéis los periodistas, y los entrenadores. Es una visión simplista, pero para estar en la Liga Endesa tienes que hacer bien un montón de cosas. Se tiende a simplificar con los roles para que sea menos complicado mover las fichas en el tablero. Con Julbe aprendí que eso no tenía que ser así obligatoriamente”, reflexiona. Es cierto: el recuerdo del primer Lucio, en el entonces filial del CAI Zaragoza, el Conservas Daroca, y en su cesión al Argal Huesca, es el de un tipo muy talentoso de cara al aro, rapidísimo, con buena mano de 5-6 metros (siempre le faltó el triple como amenaza real)…

Pero de eso ha pasado mucho tiempo. Demasiado. “Nunca pensé que me ganaría la vida durante 20 años con esto, pero también intenté conservar la capacidad de sorpresa. Cuando me dijeron que subiese al primer equipo del CAI, ya había cumplido todas mis ambiciones”, agrega.

Siempre fue un favorito de la hinchada: en Cáceres se corrió entre los foreros lo de llamarle ‘Don Lucio’ y con eso se quedó. Le cupo el honor de levantar la Copa del Rey de 1999… con el Tau en Vitoria. Un momento cumbre, claro, como ganar la liga el año siguiente en Palau en el quinto partido.