Willy Villar: El director deportivo de moda

Willy Villar: El director deportivo de moda
Con el Gran Canaria.

Javier Ortiz Pérez

Se trata, probablemente, del director deportivo más pujante en el escenario actual de la Liga Endesa. Willy Villar fue recientemente galardonado por la revista ‘Gigantes del Basket’, reconociendo su trabajo en los despachos del CAI Zaragoza. Pero antes de eso fue un jornalero del baloncesto, unos años que seguro que le aportaron mucho para realizar con tanto tino su actual labor.

¿Cómo era el Willelmo Villar jugador? Base, 1,83. Lo que es seguro es que se movió mucho: canario, pasó por la cantera del Real Madrid y debutó en la ACB en el Cacaolat Granollers en la temporada 88-89. Después fue alternando la primera y la segunda categoría con soltura: fue uno de los héroes del ascenso del León, se ‘arremangó’ fuera de las grandes ‘plazas’ (Burgos, Albacete), le dio a tiempo a jugar ‘en casa’ con el Gran Canaria, buscó fortuna en la liga portuguesa y se asentó en el Drac Inca, en LEB, donde empezó a ejercer de lo que es ahora. Su conocimiento del mercado y buen ojo para las incorporaciones han sido claves para que primero el CAI recuperase la categoría hace dos años y en la actualidad esté consolidándose con pasos muy firmes en la Liga Endesa.

“Jugar ha sido la parte más importante para mí porque desde que empecé con 15 años, que fue cuando salí de casa, hasta los 33, cuando me retiré, formó parte de mi vida. La gente que conocí, las amistades, los momentos buenos y malos, son grandes experiencias que he sacado y ahora les saco partido. Los momentos más especiales fueron los que compartí de joven en la selección española infantil y junior, jugando muchos torneos, creo que quedan para toda la vida. Campeonatos de España, el ascenso a la ACB con León... Creo que los momentos más importantes son precisamente el ascenso con León y la internacionalidad con las selecciones en júnior”, recuerda ahora.

Aunque siempre es difícil definirse, Villar lo intenta: “Empecé, cuando era muy joven, como un jugador de mucho talento, y las lesiones me condenaron a ser un jugador de mucho trabajo y menos talento. Perdí mucho tiempo lesionado y la última etapa la basé mucho en la experiencia y el trabajo. De pequeño apuntaba más talento pero en definitiva creo que fui un currante del basket”.

Según cuenta, la transición de la pista a las oficinas fue inmediata “por suerte”, aunque paradójicamente tras una grave lesión de rodilla. “Al principio, sobre todo los dos primeros años, la transición fue dura porque al principio quieres volver, pero ese virus ya desapareció. Aquella etapa quedó superada y olvidada. Se juntó todo. Me lesioné, al mismo tiempo me propusieron ir a los despachos, aunque me apetecía muchísimo seguir jugando y tenía contrato, pero al final creo que hice lo que la cabeza me pedía, y no el corazón. Había que tomar una decisión: continuar o empezar una nueva vida. Con perspectiva, lo que fue un momento muy malo, se convirtió en una buena oportunidad. Sin duda, fue la mejor decisión que tomé”, destaca.

En el horizonte próximo permanece una ilusión de color muy rojo: Zaragoza es una ciudad que ama al baloncesto y que necesita de cerebros como el de Villar para no desviarse del buen camino que ha tomado en los últimos años.