Nacho Romero: Hoy se despide un ‘viejo rockero’

Nacho Romero: Hoy se despide un ‘viejo rockero’
En Las Rozas, cedido por el Madrid (92-93).

Javier Ortiz Pérez

Hoy Nacho Romero cerrará una etapa de más de 20 años de baloncesto profesional. El pívot del Melilla y ‘clásico’ de la ACB sobre todo en los 90 ha anunciado su retirada y esta noche disputará sus últimos minutos sobre una cancha frente al Palencia.

Se trata de un personaje peculiar, muy querido en los equipos por donde ha pasado, y con momentos importantes también en su trayectoria, con la medalla de plata en el Eurobasket del 99 como gran logro individual y el triple que eliminó al Real Madrid en las semifinales de aquel mismo año como momento más reconocible. Era entonces jugador del Caja San Fernando, donde probablemente desarrolló su mejor baloncesto ‘inventando’ prácticamente el puesto de ‘5’ abierto en la línea de tres puntos.

“No sé todavía muy bien cómo sentirme. Imagino que el momento de la despedida será bastante triste. Todavía no me hago mucho a la idea de dejarlo”, afirma. Tiempo ha tenido para ello: el 30 de julio cumplirá 40 años y las últimas campañas las ha pasado más en el banquillo del Melilla que en la pista, convertido en un enorme símbolo de 2,14, todo carisma con sus perillas interminables y siempre dispuesto a una broma o una sonrisa.

Romero nació en un pequeño pueblo de Córdoba llamado Pedroche y con apenas 16 años llegó a la capital de España para jugar en el juvenil del Collado Villalba, en 1989. El siguiente verano fichó por el Real Madrid, que le terminó de hacer jugador y le hizo debutar en la 93-94. Obviamente, le fue muy difícil asentarse en la primera plantilla blanca, aunque aguantó tres años ahí, como cuarto pívot, arrancando minutitos. “Tenía por delante a gente como Sabonis, Arlauckas, Antonio Martín, Savic… Pero para mí ya fue un lujo estar ese tiempo con ellos. Yo era el que defendía a Sabonis todos los días y eso, para alguien que le gusta tanto el baloncesto como a mí, es ya de por sí increíble. Quizás me faltó tomármelo un poco más en serio, pero claro, no tenía la experiencia de ahora”, recuerda.

Su marcha a Sevilla le dio otra dimensión a su carrera y se convirtió en un interior nacional realmente importante durante un lustro (1996-2001). Resultaba sorprendente verle saliendo a 6.25, una faceta que difícilmente había expresado en Madrid. “Yo ya tenía buena mano. Y Obradovic me sacó en un partido ante el Panathinaikos de Vrankovic para tirar triples, pero estaba tan nervioso que fallé los dos o tres que intenté”, recuerda. En la 99-2000, después del verano en el que colaboró para la plata europea de la selección ‘pre Gasol’, consiguió un tremendo 52% desde lejos (37/71).

En el 2001 empezó una etapa de transición para él: Lleida, Qalat, Portugal, Tarragona, Algeciras… En ningún sitio pareció estar muy cómodo hasta que apareció en Melilla en el 2004… y hasta hoy. “La verdad es que bajé a la LEB pensando que sería de transición, para intentar volver a la ACB, pero no fue así. Me vine un poco abajo y Melilla me dio un poco una última oportunidad. Vinieron entonces buenos años, luchando por la permanencia, pero no me importaba porque estaba realmente a gusto. Me sentí muy arropado por toda la gente de aquí. En los últimos años no he jugado tanto, pero para mí no pesaba tanto eso como el hecho de poder ayudar en otros aspectos a que el club creciese”, analiza.

Estas nueve temporadas en la ciudad autónoma terminan también con la amargura de que el equipo terminará último de la liga regular, ocupando plaza de descenso directo. “Empezamos mal, con varios partidos que perdimos en circunstancias especiales, y luego ya no pudimos levantarnos. Sabíamos que teníamos limitaciones defensivas”, explica.

Nacho Romero no tiene muy claro qué pasará con su vida ahora. Parece que se trasladará a Sevilla, donde montará su casa. “Lo que principalmente quiero es poder dedicarle tiempo a la familia, algo que no he podido hacer por la vida que llevamos en el baloncesto profesional. Después estaría bien entrenar a chavales, me haría ilusión”, remarca.

Fue un placer verle por las canchas, señor Romero.