Dani Álvarez: De los sueños a los colchones

Dani Álvarez: De los sueños a los colchones
Semifinal copera del 92 ante el Barcelona (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Hay algo de frustrante en la carrera de Dani Álvarez. Él mismo lo reconoce. Era quizás el base más brillante de su generación, tenía el impulso de jugar en casa (Zaragoza) y le sobraba calidad, sobre todo a nivel ofensivo. Pero abandonó el baloncesto profesional con 28 años y, aunque en los últimos tiempos se ha acercado en algo al CAI gracias a su amigo Reynaldo Benito, su día a día no tiene nada que ver con las canastas, aunque sí con los sueños…

Era rápido, listo, eficaz. Había aprendido de gente como Pepe Arcega o Ruiz Lorente y parecía preparado para quedarse entre los mejores. De hecho, hay un momento en su trayectoria que apenas se recuerda porque ya se sabe quiénes escriben la historia, pero que queda ahí marcado: la Copa del Rey de 1992, en Granada. En semifinales, en el 81-77 al Barcelona, Dani clavó 15 puntos en 21 minutos. Y el día siguiente, en el que fue titular, también realizó un buen encuentro (7 puntos y 2 asistencias). Pero ganó el Estudiantes (61-56). “Quizás me hubiesen dado el MVP a mí. Fue seguramente el punto culminante de mi carrera”, afirma, mencionando con especial cariño que su entrenador por entonces, Manel Comas, “ha sido el que mejor me ha sacado partido en mi carrera”.

Sin embargo, aquel momento de gloria, aunque incompleta, no volvería: “Las expectativas que tenía la gente y yo mismo no se cumplieron, no podemos decir lo contrario”. Sigamos revisitando al joven Álvarez, ese que debutó con 18 años en la ACB, levantó la Copa del Rey de Las Palmas en 1990 y era un habitual en las selecciones inferiores, con las que acumulaba medallas. “Creo que tuve mala suerte. Un año (1994) coincidí con Andre Turner y Pepe Arcega en el CAI y me tuve que ir al Pamesa, donde estaban Charly Dicenta y un Nacho Rodilla que ya despuntaba. Fue un momento complicado y el equipo bajó. Luego, cuando tuve la oportunidad de volver a la ACB tras buenas temporadas en LEB con Lugo y Menorca, no me fue bien en Cáceres con Luis Casimiro, que se supone que me conocía porque me había fichado. Pero no tengo excusa. Algo tuve que hacer mal para que al final no me pusiese”, indica.

Aquel último tren perdido le desilusionó, pero fue el arranque de su vida actual. “Tuve la oportunidad de ir a Murcia, pero no me apetecía volver a LEB a luchar por subir. Decidí que era el momento de volver a casa, de buscarme la vida de otra manera, porque durante todo el tiempo que estuve jugando, al mismo tiempo intentaba acabar la carrera de Ingeniería Industrial, y lo conseguí”, recuerda.

Aunque siguió jugando en EBA con el Casablanca en plan amateur, su camino estaba claro. Primero trabajó en una empresa de ascensores y, desde hace doce años, está en la famosa empresa de colchones Pikolín, primero en la sección de logística y luego como director de compras, cargo de ocupa en la actualidad. Nunca le ha llamado mucho la atención entrenar en categorías inferiores, aunque es todo un fan de sus dos hijas, Raquel y Rebeca, que aprovechan los genes paternos lo mejor que pueden.