Ron Cornelius: Víctima de la voracidad ‘ochentera’ con los americanos

Ron Cornelius: Víctima de la voracidad ‘ochentera’ con los americanos
Cornelius, en 1984 (Foto: Nuevo Basket).

Javier Ortiz Pérez

No le sobró la suerte a Ron Cornelius en la ACB 84-85. Solamente disputó ocho partidos con el Cacaolat Granollers y fue cortado. Sobre el baloncesto de ahora pensamos que hay mucho movimiento de jugadores, y seguramente es así, pero antes los clubs tenían el ‘gatillo’ mucho más fácil para los cambios de americanos. Baste el ejemplo de Cornelius, que promedió 16,9 puntos y 7 rebotes en aquellos ocho partidos, unos números que ahora le colocarían en la élite de la Liga Endesa, y, sin embargo, salió del equipo en detrimento de Howard Wood. Siempre se les pedía muchísimo a los extranjeros y prácticamente todo lo que no fuese asegurar un ’20-10’ les ponía ante el pelotón de fusilamiento. Por mucho que, como el caso de hoy, hubiese sido una estrella universitaria en Pacific y fuese escogido en tercera ronda por los Lakers en 1981 (número 65).

Él mismo lo percibe así: los ‘yankees’ eran el centro de todo a nivel de cómo estaba montada la película (dinero, minutos de juego, protagonismo ofensivo), pero también ‘carne de cañón’ cuando las cosas venían mal dadas. “Mi etapa en Granollers fue demasiado corta porque jugué realmente mal mis partidos 6, 7 y 8. Nuestro entrenador, Jesús Codina, me había fichado porque el año anterior había terminado entre los diez mejores anotadores de la liga francesa [en el Caen]. Disfruté de mi tiempo en España y me di cuenta de que la liga era muy competitiva, pero no tuvimos un comienzo muy bueno y recuerdo que mi último partido fue en Zaragoza. Al club le faltó paciencia, quería resultados rápidos”, me escribe desde Phoenix, Arizona, sin hacer referencia a lo que en su momento se dijo para rescindir su contrato: que sufría una enfermedad vírica.

“No me acuerdo bien, pero creo que nuestro otro americano, Slab Jones, también fue cambiado”, añade. Qué buena memoria tiene Cornelius, porque efectivamente fue así. Dos temporadas después de aquello, tuvo una segunda oportunidad en España, ya que jugó en Primera B en el Lagisa Gijón. “Completé la temporada entera”, explica. Todo un alivio, imagino.

¿Qué tipo de jugador era? Se trata de un 2,05, blanco, más ‘3’ que ‘4’, lo que de por sí era una rareza por entonces, cuando lo más normal era gastar las dos plazas de extranjero en interiores. “Sobre todo, era un anotador que tiraba bien. En la pista intentaba ser inteligente, porque una cosa importante era conocer mis limitaciones. Creo que mi gran punto a favor era mi competitividad”, dice él. Para Jorge Román en su coleccionable ‘Los extranjeros de la ACB de la A a la Z’ le define coomo “sólo discreto. Zurdo, buen tirador, pero frágil en defensa”.

En los últimos 20 años ha trabajado en la industria de la informática. Quizás dentro de poco tengamos a otro Cornelius por Europa, ya que su hijo Daniel, que mide lo mismo que él, está entrando en su último año de universidad –Arizona Christian— y tiene ilusión por jugar en Europa cuando la termine. Una gran baza es que, durante el dilatado periplo de su padre en el ‘viejo continente’, que incluyó también experiencias en Holanda, Inglaterra e Italia, nació en Suiza, lo que le permite tener el pasaporte de aquel país.