Roger Esteller: Un ‘Tigre’ que se hacía querer

Roger Esteller: Un ‘Tigre’ que se hacía querer
En la final ACB 96-97 con el Barça ante el Madrid (Foto: Gigantes)

Javier Ortiz Pérez

Roger Esteller fue un jugador enormemente querido en todos los equipos que estuvo. Transmitía muy bien su capacidad de sacrificio, su lucha por todos los balones, y un juego en ataque descarado y valiente a más no poder. Como él mismo dice, no parecía tenerle miedo a nada. Su apodo, ‘El Tigre de Sants’ (el barrio barcelonés en el que se crió) expresa bien qué tipo de baloncestista era. Rugía en la pista.

No obstante, sería injusto pensar que era simplemente un tipo de corazón, o un portento físico basado en lo que suele llamarse ‘las patas’. También tenía detalles técnicos increíbles y supo ir evolucionando, añadiendo cada vez más tiro exterior a un muestrario ofensivo que en principio estaba centrado en las penetraciones a canasta, en echarle más cara que nadie. Sus mejores momentos fueron en el Barcelona y en el TDK Manresa, no alcanzando el mismo nivelazo en otros sitios ACB como Tau, Lleida o Gran Canaria. También fue asiduo en una época de la selección española en la que los éxitos no eran tan habituales como ahora, aunque al menos consiguió la plata del 99 en el Eurobasket de Francia. A nivel de clubs, dos ligas y dos Copas del Rey adornan su palmarés. 483 partidos ACB (9,2 puntos en 23 minutos de promedio) es una auténtica pasada.

Sí le ocurrió que su salida de la primera línea de los escoltas españoles le llegó algo pronto, alrededor de los 30 años. Era muy difícil mantener ese tono tan absolutamente superior que exhibió durante una época. Luego ha continuado con un enorme amor al baloncesto por amor al arte hasta casi los 40 años en EBA… incluso como pívot (apenas supera el 1,92).

“Me quedan las vivencias con mis compañeros de equipo, las experiencias en diferentes ciudades e incluso en un país extranjero como Francia (en el Pau Orthez), los titulos conseguidos que con el tiempo se engrandecen y exageran tendiendo a olvidar o no mencionar las derrotas y malos tragos. Con el paso del tiempo cada vez explico más batallitas”, dice Esteller, que se veía como “un jugador completo, sin ser un especialista en nada pero pudiendo hacer de todo y teniendo como mayor virtud la capacidad de adaptación a cualquier situacion dentro del juego y de un equipo”. Pese a lo que he dicho más arriba, él asegura que “nunca fue una estrella”, pero sí que cuando jugaba “sentía que podía hacer muchas cosas. Tenía una gran seguridad en mí mismo, seguramente más de la que los demas tenían hacía mí. Cuando esa sensación desapareció, decidí retirarme”.

Según me cuenta, la transición a la ‘vida normal’ tras la retirada fue “muy complicada”, porque “tuve que formarme mucho para poder situarme laboral y empresarialmente. Ese cambio es dificilísimo, pero hay que aceptarlo y no me arrepiento de haberlo hecho relativamente joven, con 32 años”. Al igual que en la pista, se le ve con pocas ganas de quedarse quieto, estando metido en varias historias: “soy manager del centro integral de optimización del rendimiento Novaélite Sports, propietario de un parque infantil, presidente de la Asociación de Veteranos de Basquet del Barcelona y presidente de la ONG ‘Esportistes Solidaris’”.

“No me aburro. Soy ambicioso laboralmente, pero debo tener paciencia para alcanzar los objetivos y la verdad es que esa no es mi mejor virtud. Creo que tendré que volver a reinventarme unas cuantas miles de veces más”, apostilla.