FJ Martín: Basket de trinchera en primera persona

FJ Martín: Basket de trinchera  en primera persona
Única temporada en ACB, en Gijón (2000-01).

Javier Ortiz Pérez

De vez en cuando recibo en mi correo un ‘regalo’ como el que voy a compartir con vosotros ahora. Francisco Javier Martín, ‘FJ’, como se le conoce más que por su nombre (un poco a lo AC Green, ¿no?), ha accedido a hablarnos de su trayectoria en primera persona. Lo hace de una manera muy cercana, casi tierna. Un relato de baloncesto puro. Así es que aquí os dejo el ‘copia y pega’ porque apenas he tenido que retocar nada. Lo único que añado yo: jugador de equipo, era un buen defensor, de técnica apreciable, que era peligroso en las penetraciones a canasta. Allá va la que hace para esta página.

“Con la edad de catorce años y una pelota de tenis comencé a jugar al baloncesto, en los recreos del colegio gracias a mi gran amigo David Gayo. Durante este año tuve un crecimiento descomunal y me puse casi en el 1,90. A mí me gustaba el atletismo pero, ya que me puse tan alto y no se me daba mal el ‘teniscesto’, mi padre me consiguió una prueba en el Real Madrid.

Aunque no me ficharon en la ‘casa blanca’, me recomendaron para el colegio San Viator. Allí coincidí con Carlos Jiménez y los entrenadores que me enseñaron a jugar al basket: Enrique León y Antonio Aldea. Aquellos años fueron maravillosos, pasábamos frío y nos curtimos en el cemento, pero creo que todo ello nos ayudó a ser mejores. En el último año de junior conseguimos llegar al Campeonato de España y además, como colofón, Ángel Pardo nos convocó a Carlitos y a mí para jugar con la selección española.

Salí del colegio con pena rumbo al filial del Real Madrid, pero mi Fuenlabrada se cruzó en el camino y finalmente acabé de naranja. Fueron cuatro años donde tuve el primer contacto con el profesionalismo. Conseguimos dos ascensos y conocí al que sería mi referencia en lo deportivo, Velimir Perasovic.

Tras el ascenso a ACB con ‘Fuenla’ me comunicaron que no continuaría. En ese momento, empecé un periplo por casi toda la geografía española. Tuve presencia en todas las categorías de la FEB, en total 16 temporadas dándole a la pelotita (una ACB, nueve LEB, una LEB2, una LEB Bronce, tres EBA y una en Segunda División).

En todos estos años lo mejor que me llevé son los amigos que tengo: Alexis, Nena, Efy, Rafa, José… esto irá conmigo siempre.

El final no fue feliz: me sacaron del pabellón a rastras por una lesión de rodilla importante, lo cual no me permitió despedirme como me hubiera gustado. Tras tres operaciones y doce meses en muletas estaba algo resentido con el baloncesto, pero volví a la carga. Me saqué el título de entrenador superior y probé en los banquilos. Fue un proyecto fugaz, ya que no podía desplazarme con facilidad y no podía dirigir como quería, pero me gustó.

Después de aquello, y sin tener muy claro el camino que tomaría, me decanté por la representación de jugadores de la mano de Ramón Fernández y Emilio Duran.

Actualmente sigo con la representación asociado con Duran International. Vuelvo a pasármelo bien con el baloncesto y disfruto siendo partícipe de ello desde otra perspectiva.

Como nunca tuve carta de retirada desde aquí quiero dar las gracias a todos los clubs, directivas, afición, entrenadores y compañeros que me hicieron sentir querido en todos los lugares donde estuve y en especial a mi familia que siempre me acompañó”.