José Antonio Paraíso: El jugador-franquicia de Cáceres se pasa al pádel

José Antonio Paraíso: El jugador-franquicia de Cáceres se pasa al pádel
Intentando anotar con el Cáceres.

Javier Ortiz Pérez

Me va a costar no deshacerme en elogios sobre José Antonio Paraíso, que seguramente es el jugador al que más he halagado en mi carrera periodística. Fueron siete temporadas las que pasó en el equipo de mi ciudad, Cáceres, convirtiéndose con escasa discusión posible en el jugador más importante de la historia de la franquicia.

Fue fascinante ver su progresión desde 1994, cuando llegó, hasta el 2001, cuando fue traspasado al Pamesa Valencia. En ese tiempo se convirtió en el mejor ‘3’ español, mostrando una serie de recursos –sobre todo ofensivos— que sostuvieron al equipo en infinidad de ocasiones. Fue el eje extremeño de una trayectoria global brillante, terminada hace bastante poco, en el 2009, en la que totaliza nada menos que 17 temporadas en la actual Liga Endesa (551 partidos, 10,3 puntos y 3,7 rebotes en 25 minutos).

En sus inicios no faltaron los altibajos, eso sí. Nacido en Torrejón de Ardoz, empezó a jugar en un club llamado Parque Cataluña y debutó muy joven en Primera B con Juventud Alcalá. Tanto destacó que el Barcelona le fichó en 1992 y le hizo debutar en la ACB… pero aquello no fue nada bien. Y su cesión al León resultó otro fiasco. El chico, que todavía estaba en la transición de jugar por fuera, corría peligro de quedarse en la estacada. “Fue un momento crítico para mí. Entonces para un joven no era fácil jugar minutos, pero no me quejé”, recuerda ahora.

Fue, como él dijo, un año de transición, antes de que Cáceres y Manolo Flores se cruzasen en su camino en 1993. “Fue una apuesta arriesgada, como empezar de cero. Manolo me dijo que me daría los minutos que me ganase y así fue. Siempre que me preguntan, digo que aquellos fueron mis mejores temporadas, el sitio donde pude crecer como jugador. Era un placer jugar allí con esa afición”, añade.

Se convirtió en el líder del equipo y, por números, incluso en alguna temporada fue el nacional más valorado de toda la competición (19,7 puntos y 5,1 rebotes en la 2000-01), lo que le abrió la puerta, aunque intermitentemente. Sí participó del bronce en el Europeo de Turquía en el 2001.

Ese mismo verano fue muy agitado para él. Tras un largo tira y afloja, el Pamesa pagó 200 millones de pesetas por él, lo que pasó a ser uno de los traspasos más altos de la historia del basket nacional. En la Fonteta se necesitaba un ‘salto de calidad’ como el que él podía aportar y él quería luchar por metas mayores. En los tres años como ‘toronja’ jugó tres finales (ACB y dos europeas) y ganó una, la de la ULEB Cup en el 2003. “Creo que también hice lo correcto. Iba a un equipo ‘grande’ y además dejé un buen dinero al que había sido mi club”, analiza.

En Granada y Fuenlabrada, sus dos últimas estaciones, tuvo sensaciones contrapuestas. Como ‘nazarí’ no acabó de irle la cosa bien (“fue algo decepcionante, sí”), mientras que de regreso a Madrid volvió a disfrutar con el baloncesto hasta los 38 años. “Era un equipo que me encantaba porque estábamos muchos veteranos como Ferrán, Salva Guardia, Solana… Estuvo bien acabar ahí. Me costó tomar la decisión porque todavía me encontraba bien físicamente, pero cuando te retiras es con todas las consecuencias”, añade.

Su deporte ahora no es el baloncesto, sino el pádel, que está tan de moda. Abrió junto con un socio un impresionante complejo para practicar este deporte en su Torrejón natal, el Club Soto. “Fue un proyecto que me gustó. Había mucha demanda. Me dedico a gestionarlo y también echo algún partido de vez en cuando. En el basket también alguno que otro con los veteranos del Valencia Basket”, cuenta, descartando entrenar. “¡No valgo para eso!, siempre lo he sabido”.

Y después de todo esto, ¿cómo se ve? “Pues fueron muchos años, y casi todos en ACB, lo cual está muy bien, claro. Tengo que estar contento. Fui internacional, logré algún título… Empiezas a ver números y está bien. Pero en este negocio siempre hay un algo de factor suerte, de que apuesten por ti y encajes en los sitios. Yo creo que la tuve”. Y nosotros de verte, Jose.