Jordi Villacampa: El hombre-Joventut

Jordi Villacampa: El hombre-Joventut
Korac ganada con el Joventut en 1981.

Javier Ortiz Pérez

Me parece que Jordi Villacampa no necesita mucha presentación. Los números y el palmarés se quedan pequeños para definirle en la historia del Joventut, el único equipo de su carrera y que preside en la actualidad, y la del propio baloncesto español. Dejémosle que hable él directamente, ¿ok?

“No miro mucho atrás. La vida no se detiene en el pasado, aunque de vez en cuando tienes que mirar ahí y ver lo que has hecho. Lo que creo es que he tenido mucha suerte en la vida: poder hacer lo que a uno le gusta es todo un privilegio, porque, cuando era niño, el baloncesto era mi pasión, como la de tantos

“Conseguí llegar lejos gracias al trabajo y al sacrificio, porque creo que no nací con un don especial. Al principio de mi carrera lo que sí creo que tenía era talento físico y por ahí empecé a destacar, a sacarle partido con penetraciones a canasta y demás. Pero no tenía un tiro natural y tuve que ir mejorándolo. Al final, casi era mi mejor arma”.

“Con el Joventut tuve tanta fidelidad por varios motivos. Siempre tenía contratos largos y me los iban renovando antes de que terminase, porque yo estaba a gusto y el equipo iba muy bien. Cuando eres de la cantera de la Penya sientes algo especial cuando llegas a la ACB, claro. A los 31 años quedé libre y tuve algunas ofertas, pero ya no me quise ir en absoluto. Este club ha sido mi escuela y mi vida, mantienes una relación especial si te has criado dentro de él”.

“Con el tiempo, lo que más me llama la atención no es haber ganado títulos, sino haberlo hecho en el Joventut. Eso sí que me parece que tiene mérito. Ahora hay unas circunstancias distintas para que esa cantidad de éxitos se produzcan en Badalona”.

“En la selección empecé con mal pie, claro. Jugué el Preolímpico de París en el 84, aunque muy poco, y Antonio Díaz Miguel decidió no llevarme a los Juegos Olímpicos de Los Angeles y escogió a Beirán. Ya ha pasado mucho tiempo de aquello, pero fue duro. Sin embargo, luego estuve diez años como internacional y creo que lo hice bien. Me tocó convivir con una generación que a lo mejor no era tan buena como la que ganó la plata en 1984 y que desde luego tampoco podía tener tantos éxitos como la actual”.

“Me dedico íntegramente a ser presidente ejecutivo del Joventut. La condición que puse fue esa, porque realmente no creo en otro modelo de gestión. Estuve con otras directivas de gente que se dedicaba al club cuando le permitían sus trabajos, pero eso no podía ir bien. Creo que la fórmula que tenemos ahora es amortizable y mucho más rentable, desde luego”.

“¿Qué si es más difícil ser presidente que jugador? No sé si más difícil, pero sí es más desagradable, o menos reconfortante. Digamos que es un trabajo poco lucido, que da muchos dolores de cabeza. Pero también te enriquece en muchos aspectos, cuando solucionas problemas y demás”.

¿Dije más arriba que los números y el palmarés se quedan pequeños? Veamos: 8.985 puntos en ACB (2º en el ranking histórico) con 17,7 de promedio; 503 partidos en 14 temporadas; dos ligas, una Copa del Rey (aunque no jugó, en León-97), una Euroliga, dos Koracs, dos Supercopas… 158 partidos con la selección en dos Juegos Olímpicos, tres Mundiales y cuatro Europeos (incluyendo un bronce en 1991) y todavía poseedor del récord de puntos en un partido con 48 ante Venezuela en 1990.