Larry Stewart: Milagro en Washington (Bullets)

Larry Stewart: Milagro en Washington (Bullets)
Con los Washington Bullets.

Javier Ortiz Pérez

Larry Stewart fue uno de los mejores ‘treses’ americanos llegados a España en los 90. Nunca jugó en uno de los ‘grandes’, pero destacaba con su poderío físico, movimientos muy depurados y un espíritu muy colectivo. Tuvo tres equipos en España: fugazmente en Zaragoza, tres temporadas en Girona (donde se convirtió en un gran ídolo) y una campaña final en Cáceres donde, con un gran contrato, cumplió. Hasta aquí todo correcto, pero hay una peculiaridad tremenda en su historia de la que no se habló mucho mientras estuvo entre nosotros: unos años antes, mientras jugaba en la NBA con Washington, fue disparado en el cuello por un intruso que entró en su casa, pero sobrevivió. Y hasta llegó a aparecer por una final de la NBA y alargar su carrera como profesional hasta los 40 años.

Stewart fue una estrella en la universidad de Coppin State y, pese a que no entró en el ‘draft’ de 1991, completó una gran temporada ‘rookie’ con los Bullets (macabra casualidad, como veremos luego) y entró en el segundo mejor quinteto de novatos gracias a sus 10,4 puntos y 5,8 rebotes. Siguió en la misma línea hasta que, una noche a finales de 1994, cuando no viajó con el equipo por una lesión en un pie, sufrió el asalto en su domicilio, a las cuatro de la mañana. Hay un relato escalofriante en el que llega a contar cómo le redujeron y le pusieron una almohada en la cara dos veces para dispararle. Y lo hicieron, pero la bala entró y salió en una zona no vital del cuello. Nunca cogieron a los tipos.

Milagrosamente se recuperó de la herida, y del susto, pero perdió el sitio en la rotación de Washington, así que tuvo que empezar de cero en otro sitio. El primero que le dio una oportunidad en la ACB fue Alfred Julbe en el último año de ACB del CB Zaragoza, una sustitución temporal de Ken Bannister en febrero de 1996. Aquellos 13,4 puntos y 5,3 rebotes no reflejarían lo que sería luego su peso en España.

Stewart tuvo otra oportunidad en la NBA. Aunque marginal en la rotación de George Karl, disputó la final de la NBA en 1997 con los Seattle Supersonics. Su sitio estaba en Europa los doce siguientes años. En su trienio de Girona se mostró muy relevante, entre 16 y 19 puntos de promedio por campaña, jugando alternativamente como ‘3’ y como ‘4’. El Cáceres confió en él en el 2001 –de nuevo con Julbe— para ocupar el hueco dejado por José Antonio Paraíso y, pese a algún problema disciplinario, cumplió con su cometido (15,8 puntos y 6,5 rebotes). Especialmente celebrados fueron los 48 puntos de valoración que consiguió en un partido clave para la permanencia ante el Cantabria Lobos. Es el récord en la historia del extinto club.

Después se vio envuelto en un positivo que dio en Grecia por marihuana. Sus dos últimos años de baloncesto fueron en Francia. Se retiró a dos meses de cumplir los 40, en el 2008. Ahora es entrenador asistente en la Universidad de Bowie State, desde donde me ha mandado unas líneas que os transmito: “El de España fue un tiempo estupendo para mí. Es un país bonito y tuve una gran experiencia allí. Me encanta España. El baloncesto es de alto nivel y hay grandes jugadores y equipos, con los que disfruté compitiendo. Les doy especialmente las gracias a los aficionados de Girona, fue un placer jugar para ellos y tienen un lugar especial en mi corazón. Son los mejores. Ahora me encanta entrenar, me da la oportunidad de devolver lo que he aprendido y experimentado con los jóvenes”.