Nacho Solozábal: Zurda magistral

Nacho Solozábal: Zurda magistral
Con el Barça, su eterna camiseta.

Javier Ortiz Pérez

Nacho Solozábal está seguramente en el ‘top 5’ de bases españoles de la historia. Sí, ha habido muchos, y muy buenos, pero sin duda él ha sido el más influyente en un ‘grande’ como el Barcelona. Pocos ejemplos tan claros de fidelidad a un club: vistió 17 temporadas de azulgrana y no conoció otra camiseta que no fuese la de la selección nacional. Y la mayor parte del tiempo, como titular indiscutible, llevando la manija de un equipo que respiraba por su nariz y bombeaba sangre a través de su corazón.

Solozábal era zurdo, con todo lo que eso supone. Suele decirse que son más geniales, más imprevisibles. En su caso, lo mismo te daba una asistencia sin mirar (con el tiempo desarrolló la extraña habilidad de saber exactamente dónde estaban Sibilio y, sobre todo, Epi) que clavaba un triple sacado quizás de forma poco estética desde la cintura. Especialmente ‘highlight’ fue aquel que se clavó en el último segundo de la Copa del Rey de 1987, en Valladolid, frente al Real Madrid. Huelga decir que nunca se escondía en los minutos finales, en los que era rarísimo verlo en el banquillo.

Hay una definición muy buena de él en el coleccionable ‘100 Gigantes del basket mundial’: “Distinto a los demás, fue un jugador capaz de reunir toneladas de carisma sin necesidad de ningún tipo de histrionismo. Muy al contrario, era la sencillez personificada en el ámbito baloncestístico, un hombre fiel en un entorno cada vez más complicado a medida que transcurrían las temporadas. En cierto modo fue el último romántico del baloncesto español”.

Debutó en la antigua Liga Nacional en 1975, con apenas 17 años. Hasta 1992 continuó en el Barça, que prescindió de él de forma controvertida. Su homenaje tardó muchísimo en producirse (2006), pero su sempiterno número 7 está colgado del Palau Blaugrana y nadie volverá a ponérselo. Curiosamente, en la selección lo cedía a José María Margall y portaba el 12. Fue 142 veces internacional y disputó tres Juegos Olímpicos (Moscú, Los Angeles con la plata incluida y Seúl), aunque ahí le costó más hacerse con el mando, en plena pugna con Juan Antonio Corbalán, algo que se prolongaba en la liga cuando frente estaba al Real Madrid.

“De todo aquello queda por encima de todo la trayectoria. Hubo muchas victorias y derrotas, pero lo más importante es haber sido partícipe de una muy buena época del Barça”, afirma ahora. Lo único que le faltó por ganar fue la Copa de Europa, porque lo demás se lo llevó todo: seis ligas, nueve Copas del Rey, dos Recopas, una Korac, un Mundial de Clubs.... “Yo jugué de base. Por tanto, debía hacer jugar al equipo. Era cuestión de mandar, y ver en cada momento lo que más le interesaba al grupo. Destacaba por ser un buen pasador, director, y me gustaba mucho penetrar”, afirma en el difícil momento de analizar su propio juego.

Rechazó jugosas ofertas para seguir jugando y se retiró cuando el Barcelona ya no le quiso más. “No es fácil esa transición. Necesitas un tiempo para adecuarte a la nueva situación. Yo había estudiado y acabado económicas, y entré en un despacho. Pero al mismo tiempo fundé una escuela de baloncesto para jóvenes. También trabajo en medios de comunicación, y estoy vinculado a la Federación Catalana”, cuenta.

Sí, es un tipo que ha entendido muy bien los medios: comenta los partidos para la Televisión de Catalunya (en cuya web tiene alojado un blog) y también escribe para el diario ‘Sport’.