Juan Pedro Cazorla: :Ojear para completar el círculo

Juan Pedro Cazorla: :Ojear para completar el círculo
Etapa como jugador en el Tau.

Javier Ortiz Pérez

Juan Pedro Cazorla es, aún hoy en día, el tercer jugador más joven en debutar en la historia de la Liga Endesa, tras Ricky Rubio y Angel Rebolo. Ocurrió el 30 de abril de 1992 y el chico tenía apenas 16 años y tres meses. Se decía, como con tantos otros, que iba a ser el base del futuro, que tenía una elegancia enorme dentro de un físico privilegiado, 1,92, para jugar como base. Finalmente se acabó convirtiendo en un buen jugador de LEB y su hermano menor, Carlos, fue el que acabaría haciendo carrera durante muchos años entre los mejores. Sin embargo, algo especial debe tener el mayor de los Cazorla cuando el Caja Laboral confió hace unos años en él para un departamento fundamental en el club: el de la secretaría técnica, en la que es ojeador.

El mismo talento que le vio en su momento el Baskonia para sacarle, siendo un niño, de su Canarias natal, y ponerle a trabajar en sus categorías inferiores es lo que le pide ahora que él detecte en los jugadores jóvenes. “No somos un club que fiche muchos jóvenes, por lo que intentamos acertar al máximo en los que traemos, como es lógico. ¿En qué me fijo cuando doy un informe positivo? Siempre ves algo, pero suelen ser todavía muy jóvenes. Luego pasan 30 millones de cosas hasta que son profesionales”, afirma. Trabajando al lado del que dicen que es el ‘número 1’ en esto, Alfredo Salazar, seguro que ha aprendido mucho.

Como se puede imaginar, viaja mucho y ve infinidad de partidos en vídeo. También ejerce un poco de tutor con algunos de los chicos y hace de enlace con sus padres, para que sepan que están siendo tratados con la suficiente atención.

Cazorla lleva en Vitoria desde finales del 2006. En realidad, es la ciudad de su vida. Empezó al basket en el La Salle de Las Palmas, pero en 1990 ya jugaba en el entonces denominado Taugrés. El debut en ACB le vino muy pronto, pero a lo grande: en unos ‘playoffs’ por el título frente al Real Madrid. Las cuatro siguientes campañas siguió intentando hacerse un hueco en el equipo, aprendiendo de un base tan grande como Pablo Laso, contribuyendo con minutos muy concretos (6 de promedio en 37 partidos ACB en total) a que el club se fuese haciendo grande y metiéndose en una final tras otra de la antigua Recopa y de la Copa del Rey. Ganó una de cada. Pero en 1996 las oportunidades se acabaron y empezó a buscarse la vida en clubs de la segunda categoría, exceptuando en la 97-98, cuando el Barça le fichó para su filial de EBA y llegó a jugar cinco partidos con el primer equipo.

“Siempre me quedará la espina, claro”, afirma. “No tuve mucha suerte con las lesiones”, lamenta. Entonces abrió una década con numerosos equipos de LEB y LEB-2, casi siempre con muchos minutos en pista (Tenerife, Granada, Coruña, Bruesa, Canarias, Bilbao, Cáceres…). Le sacaba bastante partido a su físico, aunque le faltaba algo de explosividad, esa competitividad extrema que parecía tener su hermano Carlos, y tampoco miraba mucho al aro. Desde luego, es fácil imaginar que las ‘pachangas’ en el patio de casa entre ambos debieron ser épicas cuando eran críos.

La llamada del Baskonia cuando terminó de jugar en Cantabria en el 2006 fue como cerrar el círculo. Ahora, es uno de los responsables de que alargar la tradición de su club de incorporar talento joven que acaba rentabilizando, aunque a veces, como bien sabe él, no todos los niños a los que se capta acaben triunfando.