Javier Velázquez: Sin antídoto contra el infortunio

Javier Velázquez: Sin antídoto contra el infortunio
Bromeando con un americano del Estudiantes.

Javier Ortiz Pérez

A Javier Velázquez no le sobró la suerte en su carrera como profesional. Pudo haber sido un pívot de muchos años en la actual Liga Endesa, pero solamente pudo acumular 16 partidos en dos temporadas distintas (cuatro años de diferencia entre una y otra), siempre con el Estudiantes, el club en el que se formó. Medía 2,04.

Según su relato, nunca se le dio bien estar en el lugar correcto en el momento adecuado. Más bien todo lo contrario. “Tras finalizar mi año de juvenil y haber ganado todo en lo que se refiere a la competición, pasé a estar con más frecuencia en el equipo ACB como recambio de pívots para los entrenamientos mientras me ‘iba haciendo’ en el segundo equipo”, recuerda ahora. Era la temporada 94-95. Debutó en la máxima categoría, pero ese mismo verano optó por marcharse a la NCAA, una opción que estaba abierta entonces para chicos como él que no habían llegado a ser profesionales aquí. “Tras no quererme hacer ficha profesional y no querer estar entre las dos categorías, me fui a EEUU un poco obligado”, reconoce. Allí jugó en la Universidad de Pittsburgh State, de la segunda división de la NCAA, durante dos años. “Lo hice bastante bien”, considera. Mientras tanto, jugadores como Iñaki de Miguel y Carlos Jiménez se hacían hueco definitivamente en el primer equipo estudiantil, algo que pudo haber sucedido perfectamente con él.

De hecho, Pepu Hernández le llamó para sustituir al lesionado Rafa Vecina. “Dije que sí, pero el partido siguiente, jugando el ‘sweet sixteen’, me rompí el cruzado anterior de la pierna izquierda”, lamenta. De hecho, volvió a España y se operó gracias al Estudiantes, con el que sí fichó la siguiente campaña, la 98-99 como cuarto pívot, con Iñaki de Miguel, Shaun Vandiver y Alfonso Reyes.

Pero no pudo ser. “Esa temporada jugué poquito. Por detrás venía Felipe Reyes pegando fuerte y Pepu, creo yo, quería alguien poco problemático y barato para entrenar. Ese año fue intenso en la liga y en la Korac. Había muy buen ambiente en el equipo y eso se notaba a la hora de jugar. Me dio mucha pena cuando me fui porque no renovaba”, destaca.

No regresaría a la ACB. Pasó por equipos de la zona alta de la LEB como Murcia, Melilla y Alicante y hasta tuvo otra experiencia internacional en el Bondy 93 de París. Sin embargo, y es otro momento de mala fortuna, jugando con el Lucentum se rompió isquiotibial y abductor derecho y fue cortado en diciembre. “Cansado de todo colgué las botas, volví a Madrid y me apunté al paro”, añade Velázquez. Con más tiempo para dedicarse a ella, acabó la carrera de Farmacia, que la tenía a medias, lo que le abrió al mundo laboral con mayores garantías. Actualmente está casado, con dos niños y otro más en camino, y trabaja como farmacéutico.