Eric Struelens: El mejor belga de la historia se hizo madridista

Eric Struelens: El mejor belga de la historia se hizo madridista
Con el Real Madrid

Javier Ortiz Pérez

¿Es Eric Struelens, ese Eric Struelens que tan buen sabor de boca dejó en el Real Madrid, el mejor jugador belga de la historia? Probablemente. Yo apostaría que sí, porque, sinceramente, me parece superior al único compatriota suyo que ha jugado en la NBA, el limitadísimo DJ Mbenga, u otros que han brillado por aquí, como Jean-Marc Jaumin o, en la actualidad, Axel Hervelle y Sam Van Rossom.

Struelens tenía una extraña practicidad en todo lo que hacía que le permitió ser el primer gran acierto del Madrid en el mercado comunitario. Hasta él, había ‘pinchado en hueso’ en gente como Paul Rogers. Y eso que, cuando fichó como blanco en 1998, había ciertos recelos sobre él. ¿Podía un belga jugar decentemente a esto, al nivel que exigía un ‘grande’? La respuesta fue que sí: Eric se mantuvo cuatro años en el Madrid, lo cual ya es un mensaje lo suficientemente contundente de por sí, y realizó un trabajo sucio en el que, paradójicamente, brillaba. Cuando tenía un balón debajo del aro, lo machacaba. Y cuando no, no se complicaba, aunque tampoco tenía mal tiro de 3-4 metros.

Su currículum tenía buena pinta, aunque según cómo se mirase. Desde los 19 a los 26 años ganó siete ligas en su país, seis con el Malinas y una con el Charleroi, casi siempre alrededor de los 16 puntos y 8 rebotes de promedio. La sentencia Bosman le abrió a un gran mercado y primero se mostró como muy útil en el Racing de París –dos temporadas y una liga--, consiguiendo el salvoconducto para ser pívot de complemento en el Madrid.

No es que ganase muchos títulos aquí. Solamente la liga 99-2000, aquella del quinto partido en el Palau con Sasha Djordjevic cogiéndose la venganza. Pero nadie pudo reprochar en esos cuatro años en cuanto esfuerzo y sacrificio a Struelens, muy regular en sus promedios alternando la titularidad con la suplencia. Su mejor año fue el primero (12,5 puntos y 7,9 rebotes), pero el descenso no es muy significativo respecto al peor (y último), con 8,5 y 6,0. Pura regularidad.

En la 2002-03 fue, con un contrato por tres temporadas, la gran apuesta del Girona, donde se suponía que iba a ocupar un papel más estelar, absorbiendo mucho juego ofensivo. Sus números fueron prácticamente calcados a los de cuatro años atrás en el Madrid (12,8 y 7,2), pero las cosas no funcionaron bien como equipo y Trifón Poch le señaló como uno de los causantes de su destitución. Tampoco fue buena su relación en la 2003-04 con Edu Torres. Tanto fue así que fue cortado a mitad de temporada, concluyendo la campaña en el Pallelinios griego. No volvería a jugar en España, de donde se fue con 234 partidos y 9,7 puntos y 6,8 rebotes de media. “Después de cuatro años allí, me voy de España con el corazón blanco”, dijo en una entrevista en As, confesando su madridismo.

Volvió a su país, donde aguantó en las pistas hasta los 38 años. Ahora vive en las inmediaciones de Bruselas, desde donde me ha enviado un mensaje corto, pero escrito íntegramente en un español bastante entendible que os ‘copio y pego’ literalmente: “Los años que paso en España son los mejores de mi carrera y de una competiciones muy fuerte. Ahora estoy trabajando en la logística de tiendas de deportes y tengo mi diploma d'entrenador y espero un día de estar como coaching profesional. Un abrazo desde Bélgica”.