Carles Marco: El sobriedad de un base ‘de los de antes’

Carles Marco: El sobriedad de un base ‘de los de antes’
Forum Valladolid.

Javier Ortiz Pérez

Carles Marco fue uno de esos jugadores que llegó a la élite sin hacer mucho ruido, quizás hasta demasiado tarde. No se estrenó en la actual Liga Endesa hasta los 24 años y lo hizo lejos de casa: se había criado baloncestísticamente en el Sant Josep de Badalona, pero tuvo que dar unas cuantas vueltas hasta triunfar plenamente, con Valladolid como principal escaparate y Caja San Fernando y Joventut como sitios en plenitud de fuerzas. Y bien que consiguió hacerse un nombre hasta el punto de merecer ser incluido en la selección española que jugó el Mundial de Indianápolis, en el 2002.

Era un base sobrio, con muy buena mano para el tiro exterior. “Me quedan muchos recuerdos y casi todos bonitos. Muchas horas de trabajo para poder ser profesional y mantenerme en esta liga, con lo positivo de trabajar en la cosa que más me gustaba del mundo, el baloncesto”, afirma.

“Son recuerdos de todos los clubes en los que estado, de la ciudades que me han acogido, de los compañeros y entrenadores que he tenido y a los que me enfrentado (muchos de ellos siguen en mi vida y son mis amigos), muchos recuerdos de viajes (en liga y Europa donde disfrute jugando), y muchos recuerdos de partidos en los que jugué bien, gané, perdí... Mención especial a recuerdos en los que he jugado partidos importantes como una final de Copa o eliminatorias por títulos en Europa, y mención especial a mi etapa en las selecciones (imborrable). También el poder jugar en mi ciudad delante de mis amigos y familia en el Joventut fue algo a recordar. Podría estar horas explicando anécdotas y recuerdos porque son muchos y muy buenos”, añade.

En cuanto a su visión como jugador, considera que “yo mismo es difícil describirme”, pero dice una cosa interesante al respecto: “creo que he sido un base de los de antes, con poco físico, listo, intentando siempre ayudar a mis compañeros, y con capacidad para anotar”. Me ha gustado eso de “base de los de antes” y le define bastante bien. También se pasa un poco de autocrítico cuando considera que “no era un buen defensor, pero tenía buena predisposición, era atento y listo para robar balones”. En cuanto a puntos fuertes, “me gustaba dar asistencias, creo que se me daba muy bien pasar sobre todo a una mano a tiradores. Buena visión de juego y en contraataque era un jugador con buen pase largo y poco de ir con el balón, ya que no tenía buen físico. Bueno jugando bloqueo directo para mis tiros o hacer jugar a mis compañeros y malo en el 1x1. Lo que tengo claro es que era un jugador que hacia equipo, luchador, y con alma para y por el equipo”.

Este ‘scouting’ tan completo tiene una explicación: Marco es actualmente entrenador ayudante en el Basquet Manresa, tras retirarse en el 2010. “La transición fue dura, una etapa que se termina para empezar otra, con el agravante de que la etapa que se termina es en la flor de la vida y con una cosa que has hecho toda la vida y la seguirías haciendo porque es lo que más te gusta. Vi que me costaba ir a entrenar y que habían partes de mi cuerpo que ya no respondían como antaño (no me lo hubiese imaginado nunca, pensaba que a mí no me pasaría), y decidí retirarme. Lo primero que hice fue formarme antes de hacer una cosa de la que no estaba preparado. Terminé mis estudios universitarios y pensé realmente que quería hacer de mi vida. Estaba seguro que quería seguir vinculado al basket y gracias a Dios lo estoy consiguiendo”, señala. Un encanto de tipo, dicen todos. Hay un par de curiosidades familiares sobre él que no convendría dejarnos fuera: es hijo de Lluis Marco, un veterano actor conocido entre otros papeles por el del doctor Dávila en ‘Hospital Central’, y sobrino de Agustín Cuesta, un jugador clásico del basket catalán en los 80 (Cotonificio, Licor 43…).